26/10/11

ETA HA DECIDIDO EL CESE DEFINITIVO DE LA ACTIVIDAD ARMADA


Estaba dándole vueltas al modo de afrontar la noticia con un enfoque personal y distinto de lo que se viene publicando y, buscando en Internet los términos precisos del comunicado de ETA, me topo con la página: blogdelguardiacivil.com. Me pica la curiosidad y pincho. Aparece el video de YouTube. Tres encapuchados con txapela -aspecto que siempre me ha dado un poco de risa-, encima el anagrama de ETA y a los lados tres banderas.

            Un poco mosqueado ajusto el volumen y doy al play. Se reproduce el comunicado íntegramente, tal cual. Ya tengo lo que quería: ETA ha decidido el cese definitivo de la actividad armada.

            Pero, claro, ya me ha picado la curiosidad y, por qué no decirlo, el morbo. No me sustraigo a seguir leyendo. Pero no quiero estar mucho rato conectado, así que doy a copiar y a escape.

            Creía que iba a leer algún análisis más elaborado, ya que empieza considerando la noticia una de las más importantes de la historia de nuestra democracia, pero me he encontrado con los mismos comentarios que se reproducen fundamentalmente en los medios de la caverna: que no han entregado las armas, que no me apetece tener terroristas-asesinos en mi parlamento y que cuatro políticos se venden y engañan a toda España por arañar cuatro votos, por levantar las deslustradas encuestas. Termina diciendo que se ha luchado mucho y muchos han muerto por no darles lo que piden. Entre medio dice que a muchos ya se nos está cansando la vena tranquila.

Con ser esta una opinión bastante extendida y en cierto modo comprensible, pero bastante miope y desbarrada, me da desgana entrar a debatirla, así que dejo constancia de ella y me voy a limitar a decir lo que yo pienso.

En cuanto a la forma -quitando la escenificación- un comunicado breve tiene mas fuerza. Contiene tres elementos cuidadosamente pensados: Han decidido ellos, el cese es definitivo y cesan la actividad. Se comenta por sí solo.

En cuanto al fondo del asunto, esto no ha hecho más que empezar. Fuera capuchas de unos y caretas de otros y, ya que llega el destape, habrá que empezar a hablar a calzón quitado, de salir de las trincheras, cada uno de la suya. Habrá que empezar a hacer política de altura entre políticos de altura. Haciendo un símil con una  empresa en liquidación –aquí parece que también ha llegado la crisis- habrá que nombrar liquidadores. Lo que cesa no desaparece, lleva su dinámica. Yo pongo lo que habrá que hacer, pero no pongo los tiempos.

Como apuntaba en una entrada anterior, unos tendrán que hablar de las consecuencias del conflicto que se dice en la declaración de Aiete: presos, armas, reconocimiento y reparación del daño, etc. Otros de la Ley de Partidos, de Justicia justa, de las políticas penitenciarias, de la Doctrina Parot, de reinserción, de arreglar una transición mal pergeñada, de memoria histórica, etc. Aunque esto dará vértigo a algunos. Lo que no se puede pretender es que haya vencedores y vencidos en términos belicistas ya que esto perpetúa el conflicto.

Al final se tendrá que afrontar lo que unos piden y otros niegan. Aquello por lo que muchos han muerto por no darles lo que piden, pero otros han muerto por conseguirlo, que no es otra cosa que el derecho de autodeterminación y eso –al menos en el siglo XXI- ni se defiende ni se combate con las armas, sino con la palabra y los votos.

18/10/11

ALMENDRAS, HOGUERAS Y RECUERDOS

Cuando se repite un ciclo o confluyen tiempo, situación o gente, siempre te trae recuerdos del pasado; de momentos vividos. Perece como si las neuronas del cerebro se colocasen en la misma posición  y proyectaran la misma imagen. Es la repetición de la película almacenada en el disco duro.

            Como todos los años por estas fechas, toca la recogida de almendras en el pueblo. Trabajo que se condensa en un fin de semana. Para mí es una incógnita dónde van a parar -tarrito a tarrito- el producto de ochenta árboles, tantos kilos, tantos sacos recogidos, tanto esfuerzo. Pero esa es otra historia.

            Por las noches, después de la faena, en esta época del año refresca bastante y se enciende la chimenea. Me gusta hacerlo. Empezar con unas ramitas y dejar tres buenos troncos encendidos, con esa llama tranquila, color intenso amarillo fuego y ese calor que te lleva a un estado de somnolencia confortable.

Me gusta sentarme delante en un sillón de mimbre embelesándome mirando la llama y las chispas que de vez en cuando suelta. Es una situación diferente y más placentera que cuando enciendo una hoguera para quemar unas ramas o para hacer costillas. Y muchísimo más que aquella vez que estuve quemando papeles comprometidos en una noche truculenta en la taza del water. Hasta que ésta no pudo más del calor y cascó. Aún recuerdo la cara de mi padre.

No se. A ver si va a resultar que hay en mí algo de pirómano. Esto de la chimenea me da tranquilidad, recogimiento y sosiego. Puede haber momentos en los que mi mente deja de pensar y otros en los que me trae esos recuerdos que decía al principio.

Como aquella estufa de leña que había en el cuarto de estar de mi casa antes de que llegaran las calefacciones. Robusta, cilíndrica, alta (me parecía) y con un tubo que se perdía en el techo.

Y recordar aquella estufa me trae recuerdos de mi niñez.


4/10/11

MANERAS DE VIAJAR

Aunque en este blog no se ha notado, he vuelto de vacaciones.

Estaba cantado que mi post iría de ello, pero no quiero hacer un relato al uso: que si los controles del aeropuerto son cada vez más humillantes; que si todo muy bonito; que hemos ido por aquí y por allá.

Primero quiero hacer notar la diferencia entre viajero y turista y sus consecuencias. Yo, que quisiera ser de los primeros por mi espíritu aventurero y curiosón, no me queda otra que ir de lo segundo. Cambio la mochila y las rutas sin decidir y sin mirar el calendario, por el pack completo –avión-traslados-guías-hotel-12 días. Esta opción, aunque vayas de borrego, al menos te garantiza visitar lo más reseñable del lugar y siempre te queda margen para la improvisación.

Si vas en este plan indefectiblemente te cuelgan el cartel: turista = tonto y/o simple. A algunos les va que ni al pelo. Sobre todo si el grupo es numeroso. Confunden buen humor con risotadas histriónicas, comentarios elevados de tono (de los dos), comparaciones odiosas y humillantes para los nativos, críticas y quejas infundadas o exageradas, empleo de los topicazos más previsibles. Sueles topar con niños consentidos y displicentes. Se establece una competición por ser el que ha visto más cosas, ha realizado más actividades, o se lo ha pasado más guay.

Como en este viaje la Goretti, natural de Burgos y en viaje de novios, envidiosa de no tener nuestro hotel por el que hubiera pagado lo que sea pero la agencia no me lo ofertaba. Tenía obsesión por realizar todas las actividades posibles, sobre todo si las habían hecho otros. Tanto es así que se fue prematuramente de la excursión en la que coincidimos por realizar otra. Acaparaba las explicaciones del guía, se colaba para captar las mejores fotos espantando a la fauna y te daba su E-mail para que le enviaras aquellas fotos que no había podido conseguir. (Le estoy preparando una de mi dedo corazón enhiesto).

Por otro lado, muchos guías -no todos- en su afán por hacer más amenas las explicaciones e interactuar con el personal, suelen utilizar el recurso fácil de las bromas y las anécdotas del estilo de: a estos cocodrilos los alimentamos con los turistas que no atienden o se quedan rezagados. O esta de Praga que es verídica: Por esta ventana tiraban a los políticos que lo hacían mal. (De ahí la expresión defenestrar, de fenestra=ventana en latín). Se inventan tradiciones inexistentes, como nos relataba un guía Italiano que al entrar en cierta iglesia había que hacerlo de espaldas por no se qué maleficio. O el vienés que decía que daba buena suerte tocarle ambas tetas a la vez a la estatua que adornaba unos  jardines. O los japoneses que se volvían locos de contento cuando les mostraban en un templo egipcio una palmera del tiempo de los faraones. Lo que colma el vaso es la tarántula que nos señalaron y que causó la admiración del grupo, que asomaba tímidamente de una cavidad en la piedra. Marta, por aquello de sacar la mejor foto, la removió con un palo y resultó que  solo había tres patas estratégicamente colocadas. O el nido de colibrí mirado por telescopio –qué sospechosa rapidez y precisión en localizarlo- que ni se movió ni pió mientras 15 ó 20 nos turnábamos en el objetivo.

O sea, que aunque este cuadro que he pintado un poco exageradamente va mejorando pues la cultura viajera va civilizando a la gente, no me gusta ir en grupo. Pero siempre puedes sustraerte a la vulgaridad, elegir compañeros o, como frecuentemente nos pasa, viajar solos o con alguien con quien sintonizas bien, como en el último viaje.

Si tuviera que valorar con nota mis viajes por las satisfacciones que me han reportado, todos estarían entre el ocho y el nueve.

Intuyo que puede existir el diez, pero también intuyo que ese viaje no lo voy a hacer.