No voy a decir que la Inteligencia Artificial (IA) ha venido para quedarse
porque me parece una expresión que se emplea con profusión, aun no siendo
cierta en la mayoría de ocasiones, y porque me resulta odiosa y un punto
repelente, pero creo que en este caso es apropiada.
Me estoy refiriendo concretamente a ChatGTP de Microsoft que se incorpora a
la carrera y a Bard de Google que se ha presentado recientemente, ambas con
funciones similares, pero hay más por ahí. En poco tiempo el escenario de la IA
se ha revolucionado como nunca, dando un vuelco cuantitativo y cualitativo impensable.
La competencia está servida.
Presentan estas herramientas un futuro con muchas potencialidades que se
intuyen y que a pasos agigantados irán tomando forma. Del mismo modo presentan
muchos interrogantes que se irán despejando. De momento parece un juego que
engancha, al que poco a poco le iremos cogiendo el gusto, a la par que él irá
creciendo y aportando más utilidades, porque esto es lo que tiene la IA: que
aprende y se desarrolla. Son bots especializados en el diálogo pero, esta es la
pega, no garantizan la veracidad de cuanto dice, ni siquiera la coherencia.
Tampoco parecen muy dispuestos a llevar la contraria a su “amo” aunque este se
equivoque. Su utilización se está prohibiendo en algunos colegios para evitar
el uso fraudulento en las tareas estudiantiles y, como no, para detectar plagios
o el verdadero autor de los trabajos u obras. Se han creado otros bots
especializados en la detección de textos artificiales, incluso se especula con
quién puede ostentar la propiedad intelectual del texto creado por IA. Me
pregunto si pronto descubriremos las maldades que seguro encierra, porque estoy
convencido de que no es inocuo. He hecho algunas pruebas con ChatGTP —que ya se
ha incorporado a mi móvil como un contacto más— pidiéndole que me hiciera un
texto con unas premisas. Tengo que decir que ha cumplido su cometido de acuerdo con lo que se le pedía, pero, sin ser
decepcionante el resultado, le falta lo que podríamos llamar el espíritu, la
chispa, la creatividad artística o la impronta del autor. Supongo que pronto me
sorprenderá. Ahora, para formular una tabla Excel, resolver problemas matemáticos o crear
imágenes es perfecto. De esto último arriba pongo una foto de ejemplo.
Yo estoy muy ilusionado con el invento. Me gustará leer esta entrada dentro de tres o cuatro años y hacer un comentario sobre lo que digo y lo que ha pasado con la IA. De momento —como todos los seres vivos— la IA nace, crece y se reproduce. Veremos si muere o resulta inmortal y nos sustituye como especie dominante.
