26/9/15

LA IMPORTANCIA DE LA IMAGEN

El fondo y la forma son aspectos de una misma realidad que no podemos ni separar ni descuidar. Si queremos transmitir un mensaje, una idea o una orden debemos hacerlo de manera que sea bien recibida por los sentidos. La forma influye decisivamente tanto en el mensaje como en la imagen del emisor.

La forma con la que nos relacionamos con los demás indica el fondo de nuestra finalidad y, por lo general, la primera impresión es la que cuenta. Así que ese breve flash que enviamos o recibimos tiene que ser lo suficientemente entendible y sugestivo como para captar el interés. Es el binomio ética-estética.

A pesar de que suelen ir unidos, por lo general se da más importancia al fondo, pero hay ocasiones en las que no es así. Cuidar ambos aspectos es decisivo en cuestiones legales pues, aunque tengas toda la razón del mundo si no reclamas en tiempo y forma, no tienes nada que hacer.  Qué decir del arte y la moda donde todo es  imagen en el más genuino sentido.

De la importancia de la imagen saben mucho tanto las religiones como las corporaciones empresariales. Los primeros con las imágenes e iconos que siempre han adornado templos y estampas para contar su historia, los segundos con la imagen de marca empresarial. Es la percepción que transmiten a sus respectivos consumidores de tal manera que se asocie una imagen a un producto. Cuanto más simplificado sea el diseño, más efectivo será. Dos líneas en forma de cruz para los cristianos o una curva para Nike bastan. Pero, claro, un mal diseño puede arruinar un buen producto y, sensu contrario, una buena marca bien diseñada puede dar valor a un producto discreto. Estoy seguro que en el mercado hay productos de cola mucho mejores y más sanos que la Coca Cola, pero no tienen ni su imagen, ni su proyección, ni su éxito.

El icono de la computadora nos dice al instante de qué programa se trata, lo mismo que una señal de tráfico. Incluso hay personas con fama que se convierten en iconos. Son una forma, una imagen, un falsh, una percepción visual y superficial donde subyace un propósito o un objetivo detrás.

De vez en cuando hay una imagen, por lo general una foto fija, que golpea nuestra conciencia de manera especial. Más efectiva que una sucesión de imágenes, donde la siguiente imagen solapa a la anterior y el impacto es menor. Mucho más también que un relato por muy bien elaborado que esté. Luego se lleva el premio al fotoperiodismo o el Pulitzer.

Cuatro ejemplos que todos conservamos en la memoria ilustran mejor el impacto de una imagen. Cada uno de un continente distinto y todos con niños, elemento que añade un plus dramático al momento. El más reciente Aylan, el niño ahogado en una playa al intentar entrar en Europa huyendo del horror de la guerra en Siria. La niña corriendo hacia el fotógrafo desnuda y quemada por el napalm lanzado por los soldados norteamericanos en Vietnam a quien se le llamó Napalm girl. La niña Omayra atrapada por la erupción del volcán Nevado del Ruiz de Colombia que finalmente murió ahogada mientras contaba a los periodistas sus planes a futuro. O el niño sudanés de quien no se conoce su nombre, ni si tenía planes de futuro, ni siquiera si tenía ya familia, acurrucado exhausto y con un buitre detrás esperando al festín.

Se dice que una imagen vale mil palabras aunque hay ocasiones en las que no basta y hay que dar una explicación para evitar equívocos. Otras una sola palabra basta para expresar un deseo. No, siempre es no.

12/9/15

OTRA DE MOTOS

Continuando con mi paranoia sobre las motos de Vietnam, hoy cuelgo otra foto que es una composición sobre mismo tema.

Se puede ver pinchando en la pestaña superior Imágenes.