11/4/21

EL PANTEÓN DE LOS MONTFORT

 

ESTE RELATO PARTICIPA EN EL RETO PROPUESTO POR: «EL TINTERO DE ORO» DE ACUERDO CON LAS PREMISAS DE ESTE CARTEL.

  


Nota previa: Cuando se planteó este reto, en lo primero que pensé fue en el microrreto de 250 palabras de 11/ 2020 que debía dejar la acción inconclusa con un “continuará…”, y como no me gusta dejar nada sin terminar, he encontrado la ocasión propicia ya que aquel relato encajaba en la temática de este. Así que he adaptado ligeramente el inicio y lo he terminado. Pido disculpas por repetirme.

 

 

EL PANTEÓN DE LOS MONTFORT

 

El empleo de enterrador lo había heredado de su padre hace más de treinta años. Le gustaba. Decía Gregson que, más que un trabajo, era una afición. En una ciudad pequeña no se prodigaban los enterramientos, pero arreglaba los parterres y cuidaba las sepulturas hasta que los delirios de borracho se lo permitían. En las fiestas señaladas se quedaba en casa por el qué dirán aunque se sentía solo, una soledad distinta. En el cementerio hablaba con los muertos y se consideraba correspondido.

 El panteón de los Montfort era una excepción en su cuidado. Era el más suntuoso. Las paredes exteriores estaban adornadas con efigies esculpidas en mármol negro con rasgos grotescos. El frontispicio lo remataba una copia de la Victoria Alada de Samotracia y una leyenda: “la vida se muda, no se quita”. Gregson lo odiaba. Cuando pasaba cerca, escupía; pensaba que le daba mal fario: «estar ahí es sentir el abrazo de la muerte».

Era el atardecer del viernes cuando, al retirarse a casa, observó que algunas efigies habían desaparecido. Se quedó clavado con la boca a punto de soltar lo de todos los días. No le vio venir. Alguien se abalanzó sobre él derribándolo. Antes de que pudiera reaccionar, vio la sombra que creaba el crepúsculo reflejada en la pared blandiendo una espada dispuesto a descargarla en su cabeza. Gregson, aún en el suelo, intentó escapar. Dobló la esquina tan rápido como su falta de reflejos se lo permitía. El aparecido lanzó un furibundo ataque que impactó en la Victoria Alada. Un ala se desprendió y golpeó a Gregson quien, al intentar esquivarla, chocó con la puerta del panteón y cayó de golpe a la cripta. La puerta se cerró violentamente.

No sabe cuánto tiempo permaneció inconsciente. La tenue luz de luna que se colaba por el tragaluz rompía la penumbra. Estaba confuso, sentía el frio de las losas y olía a humedad y a cadáver. Conocía bien ese olor. Le costó tomar conciencia de su situación. Desistió de gritar pidiendo auxilio porque a esa hora intempestiva el cementerio estaba cerrado. El pánico se había apoderado de él recordando la leyenda de fantasmas que corría de boca en boca. Los peores augurios que siempre habían rondado este panteón se estaban cumpliendo. «Nadie me echará en falta, tal vez Eleanor, la del economato, pero hasta el martes no voy».

Procuró recordar la configuración de cuando, recién estrenado oficio, le tocó depositar a un inquilino. A tientas advirtió los féretros ordenados junto a las paredes y la gran losa central donde se dejaban inicialmente las cajas para su disposición final. Algo blando palpó en ella que le hizo retroceder horrorizado. No necesitaba ver mucho para saber de qué y quién se trataba. El rigor mortis apenas había comenzado por lo que el infortunado llevaría menos de doce horas muerto, dedujo. «Yo no lo he puesto aquí. Hasta este punto no llegan mis alucinaciones. El último enterramiento lo realicé hace un mes. No tenía noticias de la muerte del reverendo Evans; solo no ha venido, eso seguro».

 

Su cabeza era incapaz de dilucidar qué pasaba y menos cómo afrontarlo. «Maldito panteón, maldita cripta, malditos Montfort», no dejaba de repetir una y otra vez, más que todo por ahogar el eco de un sollozo lejano que llevaba oyendo y por momentos se hacía más persistente. Sin herramientas estaba perdido. Se sentó. Rezaba porque aquello no fuera más que un mal sueño producto de los estragos del vino del que pronto despertaría.

En esa posición distinguió una palanca bajo la mesa mortuoria. Le recordó la leyenda del pasadizo que comunicaba con el castillo y a la que jamás había dado crédito porque no consentía que pasara por debajo de su cementerio sin él saberlo. Había encontrado la salvación.

 

—¡Montfort, te juro por Dios que cuando salga de aquí, te destruiré! —gritó con rabia.

La familia Montfort vivía en el castillo Hever, antigua morada de Ana Bolena, en la ciudad de Crawley. No es que la ilustre decapitada fuera antepasada de los Montford, pero la fortuna de estos logró lo que la estirpe no dio. No tenían más apego a esas posesiones que el prestigio de poseerlas. Su condición de nuevos ricos les había hecho adquirir una propiedad suntuosa sin preocuparse por lo que allí ocurría a sus espaldas.

 Temeroso, agarró la palanca. Antes siquiera de accionarla, la pared del fondo fue cediendo lentamente dejando al descubierto un larguísimo pasillo. Lo que le horrorizó fue ver la misma sombra de la espada, esta vez más corpórea, aproximándose y detrás el centelleo de antorchas portadas por unas figuras entunicadas entonando un motete enloquecedor. Gregson se encogió como pudo debajo de la gran losa.

El cabecilla del grupo inició un ritual macabro, mientras el coro alrededor del reverendo Evans golpeaba acompasadamente el suelo. Gregson sentía el latir acelerado del corazón como un golpe de tambor y temía que la resonancia le delatara. El maestro de ceremonia descargó su espada sobre el finado en un alarido de muerte:

—¡Que la sangre sea derramada!

No pudo evitar un leve estremecimiento de espanto que le delató. Sintió en su cuello una mano fría y dura como el acero que le atenazaba. Quiso decir algo sin conseguirlo. Cerró los ojos y ya no supo más.

A la mañana siguiente el capellán dio la voz de alarma. El cadáver del enterrador yacía horriblemente mutilado en la cuneta camino del cementerio.

4/4/21

LA SOMBRA DEL VATICANO ES ALARGADA (Y LAS MANOS)

 

Hay que reconocer que dos mil años de historia dan para mucho. Se empieza con humildad, como pidiendo permiso, predicando la buena nueva donde todos somos hermanos, ¡aleluya!, y se termina siendo la mayor industria de fabricar dinero. Con una mano expertos en vender humo y expectativas para una vida inexistente y con la otra inflexibles condenándote al fuego eterno, los hacedores del bien y del mal, hábiles en el manejo de la dialéctica y en el uso de maniobras arteras. Su patrimonio crece a base generosas donaciones, herencias de devotos, aportaciones del Estado, Sociedades de Inversión (SICAV), Fondos Éticos y Solidarios,  Carteras de Fondos e Inversiones con un perfil de riesgo bajo y fines especulativos. Los bancos se rifan a obispados, congregaciones, hermandades y Opus Dei considerados clientes VIP para atenderlos en su banca privada. En el sumun de la insolencia acordaron con el Gobierno de España que los contribuyentes, cuando hagan la autodeclaración de la renta, pongan el destino de una parte de la recaudación para la Iglesia Católica Apostólica y Romana, que es la que tiene su sede en el Vaticano. Y por si pudiera quedar algo, recogen la calderilla de los bolsillos de los feligreses pasando la gorra en las iglesias.

 

No me digas que no es ingenioso. Pero hay más. Con las inmatriculaciones lo están petando. Sin tener que demostrar derechos de propiedad sobre los bienes, en virtud de un cambio de la Ley Hipotecaria, el gobierno de Aznar autorizaba a los obispos a hacer de fedatarios públicos para que pudieran poner a su nombre los templos de culto, algo que siempre se han considerado bienes de dominio público o comunales. Pero ya desde mucho antes se han hecho con casas, fincas rurales, monumentos, cementerios, plazas, o cualquier bien inmueble simplemente con un documento del propio obispado a quien se le concede funciones sin ser Registradores de la Propiedad como la Ley obliga. Esto supone la bagatela de más de 70 000 fincas que pasan a su propiedad a coste cero. Muchas están alquilando o vendiendo, otras se están cayendo a pedazos, literal, por no gastarse en su arreglo. Para remate final, en virtud del Concordato, el tratamiento fiscal de los negocios de la Iglesia Católica no pasa por caja.

 

El Banco Ambrosiano si se pudiera definir en pocas palabras sería: dinero, poder y mafia aderezado con un toque de religión a modo de tapadera. Era un banco italiano que se derrumbó estrepitosamente en 1982. En el centro del fracaso de este banco estaban su presidente, Roberto Calvi, Paul Marcinkus (arzobispo acusado de ser el brazo ejecutor del asesinato del papa Juan Pablo I), algunos cardenales, obispos y prelados de alto rango de la Iglesia Católica, Michele Sindona, empresario y banquero siciliano famoso por sus contactos con la mafia y que dio entrada en la trama a la logia masónica P2, con miembros pertenecientes a la banca, a la política, al periodismo, a la judicatura, a las Fuerzas Armadas, etc. El Banco Vaticano era el accionista principal del Banco Ambrosiano, y la temprana muerte del papa Juan Pablo I de un supuesto ataque al corazón en 1978, dio lugar a que algunos medios sospecharan de que estaba ligada al escándalo del Ambrosiano, banco acusado de concentrar fondos secretos de los EE.UU para el sindicato polaco Solidaridad o para los Contras en Nicaragua, entre otros. El Banco Vaticano se ha visto envuelto en constantes escándalos y misterios  (muertes, secuestros y suicidios)  sin resolver desde su fundación en 1942.

 

Sería procedente que, como dijo su líder y fundador, dieran a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar y se centraran en aquello para lo que fueron creados: administrar ese «mi reino no es de este mundo»: la obra pastoral y la salvación de sus almas, sin interferir en asuntos mundanos ajenos a su organización. Por parte del Gobierno se debería declarar las inmatriculaciones nulas de pleno derecho o recurrir a una desamortización de bienes al mismo coste de su adquisición —es decir coste cero—, porque ellos, motu proprio, no lo van a devolver, y se revirtiera la propiedad a los municipios o al estado, pero me temo que todo quedará atado y bien atado en el estatu quo con la firma de un nuevo Concordato.

 

Para terminar, parece de mal gusto mezclar los temas del peculio con los del alma (por llamarla de alguna manera), pero en este caso es inevitable porque ambos aspectos se dan en esta institución en abundancia y con desmesura. Por un lado su atávica obsesión en la represión (a los demás) del sexo y por otro la laxitud en el comportamiento bastante generalizado de sus miembros. No voy a poner calificativos porque la lista sería interminable. Y aquí está la paradoja: lo primero sirve para tapar los escándalos de lo segundo.

 

Hoy, domingo de Resurrección, que es rehabilitación, renovación retorno, reintegro, recuperación, y significados en torno a la misma idea, podían aplicarlo simplemente mirando su doctrina y devolver lo que no es suyo. Amén.

 

9/3/21

EL REGALO

  

COMENTARIOS AL RELATO «EL REGALO» PRESENTADO EN «EL TINTERO DE ORO» DONDE HABÍA QUE PRESENTAR UNA UCRONÍA: RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA SOBRE DATOS HIPOTÉTICOS.

EL TEXTO SE PUEDE LEER PINCHANDO AQUÍ.

3/3/21

LA LÍNEA P

 

Hay hechos poco divulgados y por ello poco conocidos, no sé si por desidia, por vergüenza o por falta de interés, pero que dejan rastro y, en este caso, se pueden ver y tocar y si uno se detiene un rato, también cuentan un relato, trasmiten una historia y solo por eso tienen un valor y merecen ser comentados. Me refiero a la organización defensiva denominada Línea P (de Pirineo).

Consistía esta línea en construcciones de hormigón armado, también llamados búnkeres o nido de ametralladora (me parece un sarcasmo llamar nido a algo pensado para la muerte), que en número superior a 10 000 se pretendían diseminar en sitios estratégicos a lo largo de la frontera con Francia para impermeabilizarla o incluso en el Cantábrico oriental.

El delirio del dictador Franco hizo que se derrocharan entre 1944 y 1957 ingentes recursos económicos en un país devastado por la guerra, empleando en su construcción a miles de trabajadores, muchos soldados de reemplazo o prisioneros, para proteger al Estado de una supuesta invasión de los maquis o del ejército de aliados de la II GM que estaba dando finiquito a los nazis. Se hicieron más de 6 000 y ahí están de testigos mudos. Ninguno entró en funcionamiento y ahora son lugar de visita curiosa o refugio de fauna.

El otro día, en un paseo por un collado, paso natural de montañas cercano a la frontera con Francia —que dicho sea de paso para los vascos no existe tal frontera, porque lo que hay al otro lado es, simplemente, el otro lado como así se le denomina sin nombrarlo y con quien siempre se han mantenido relaciones hermanas—, me topé con tres nidos de estos de los más sencillos. Una diminuta puerta y tres aberturas a norte, este y oeste para la vigilancia. Su interior de cemento puro y duro, encima tierra para el camuflaje, una sensación de claustrofobia y de que, en una situación real, terminarías frito si te pillaban dentro. También había unas palomeras, estas sí en pleno funcionamiento en temporada de pasa y con unas casetas anexas con cocina, taza de baño y supongo que cama, que para sí hubieran querido los primeros. Pero al fin de cuentas ambos con similares OBJETIVOS destructivos e iguales métodos. Apuntar y disparar. Yo también apunté mi objetivo y disparé, en este caso la foto, de poca calidad hay que decirlo, porque el móvil no da para más.

Se puede ver pinchando AQUÍ  o en la pestaña superior IMÁGENES.

 

 

 

17/2/21

PORQUE LLEGARON LAS FIESTAS

 

Llegará el verano, con él las fiestas, las tradiciones, con estas los toros y con ellos la polémica. Para complicarlo, todo está impregnado de Covid19 que es la que condiciona nuestro ocio, nuestros actos, nuestras decisiones y, en definitiva, nuestra vida. Esta pandemia ha adquirido a estas alturas la suficiente entidad como para que forme parte natural como elemento de referencia en nuestra conversación,  nuestro relato y nuestro devenir diario.

Al respecto de las fiestas, en el entorno donde vivo se está polemizando con las opciones que hay que sopesar y la casuística es muy variada. Desde quienes quieren retomar las fiestas como si aquí no pasara nada, hasta quienes plantean el cerrojazo total para este 2021.  Entre medio están quienes hablan de las “no fiestas” y plantean realizar actos tipo misas, conciertos (según cuales), fuegos artificiales, corridas de toros y, a la par, suspender verbenas, comidas, música callejera, encierros y demás actos festivos populares. Todo esto en una ciudad donde la esencia de la fiesta es la calle y sin ella no se entiende, por lo que tiene un tufazo rancio que da para atrás. Así que las decisiones no se toman en función de la situación sanitaria de la población y de la evolución de la Covid19, sino de intereses espurios.

Los políticos tienen un trastorno de la comunicación caracterizado por patrones estereotipados y alejados de la realidad, de manera que se ven impelidos a trasmitir optimismo en la población. Qué mejor que decir que la economía va a ir bien, que estamos ganando la batalla a la pandemia o que habrá fiestas. Todo ello aunque la realidad diga lo contrario y donde dije digo, digo Diego.

Si hay alguien en el mundo mundial con ganas de fiesta yo sé dónde se encuentra y como los sanfermines son por definición multitudinarios, callejeros, nadie puede garantizar la inmunidad de grupo o inmunidad colectiva porque la vacunación va despacio, más despacio de lo que prometían y, sobre todo, más despacio de lo necesario. Haciendo un paréntesis a propósito de inmunidad, detesto a quienes hablan de inmunidad de rebaño. A quienes emplean esta expresión yo les pondría un bozal, naturalmente por burros. Son ganas de inventar expresiones desafortunadas. Lo que comento para mi entorno, supongo que vale para los demás, porque los problemas, las inquietudes y los deseos son parecidos y los políticos iguales y las tradiciones festivas son esencia de vida. Yo como no tengo soluciones fáciles, ahí lo dejo.

Quería haber hablado más extensamente del anacronismo que suponen las corridas de toros y del empecinamiento en mantenerlas aun en contra de todo civismo, por cuanto supone de maltrato animal. Como dijo Gandhi «la grandeza y el progreso moral de un país, una nación, puede juzgarse por la forma en que trata a sus animales». El respeto por su bienestar es una muestra de los valores que guardamos como sociedad. Guardar tradiciones es encomiable, pero cambiar las perversas lo es más. A estas alturas deberíamos tener claro que no está bien matar un animal para regocijo humano (o negocio en muchos casos). Una salvajada no se puede sustentar en la tradición que arrastre.

 

 

12/1/21

ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE

 

Jamás nos imaginamos en marzo de 2020 que esto duraría tanto. Quince días de confinamiento fue la primera orden a la que luego siguieron días y meses de restricciones que nos fueron dando en pequeñas dosis. Ahora vamos por la tercera ola de la desescalada o escalada que no sabe bien en qué parte de la sierra del gráfico estamos.

Para celebrar que he llegado indemne a esta tercera fase, publico la tercera foto alusiva que se puede ver pinchando AQUÍ o en la pestaña superior IMÁGENES. Si la covid es como la de la foto, resulta hasta simpática.

1/1/21

LO HAN VUELTO A HACER

Cuando se habla de asonadas, golpes de estado y demás, lo primero que se piensa es en tanques y lugares allá lejos, pongamos por caso África y en países de los llamados despectivamente tercermundistas o bananeros. Nada más lejos de la realidad. Esto puede ocurrir en sitios donde se presume de respeto de los Derechos Humanos, Democracia y legalidad. Lo pongo en este orden porque es importante saber que antes es lo uno a lo otro.

De vez en cuando se oye ruido de sables oxidados y el tremolar de togas apolilladas, lo que viene a demostrar que aquella transición de la dictadura a la democracia que nos vendieron como modélica deviene en fallida. Ha habido varias ocasiones —la más sonada el 23F— y en todas consiguieron réditos. En esta ocasión que ahora nos ocupa y preocupa, unos militares han decidido que «habría que fusilar a veintiséis millones de hijos de puta». No es libertad de expresión cuando ponen por delante el rango militar y se dirigen al Rey y no a la opinión pública como lo haría cualquier ciudadano. Por mucho menos la Justicia espera con el mazo levantado a escritores, raperos, políticos no adscritos a su causa y demás.

Ya lo dijo el General Espartero en el siglo XIX: «Por el bien de España, hay que bombardear Barcelona una vez cada cincuenta años». Más tarde el general Mola, en el 1936, arengaba a la población civil navarra contra el orden legal establecido: «la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo». El resultado fue más de tres mil quinientos asesinados en esa tierra, sacados de sus casas sin que ni siquiera hubiera frente de guerra, muchos de los cuales aún se están buscando por cunetas, simas y descampados. En 1976, en la llamada «matanza del tres de marzo», la Policía Armada desalojó de una iglesia a 4.000 trabajadores en huelga reunidos en asamblea. La policía lanzó gases lacrimógenos al interior de la iglesia y disparó con fuego real y pelotas de goma a las personas que salían del recinto. Murieron cinco personas y fueron heridas más de ciento cincuenta. Lo repitieron en el 1978 en Pamplona en plenos sanfermines por una pancarta que pedía amnistía, dando a la policía patente de corso: «Tirar con todas las energías y lo más fuerte que podáis. No os importe matar. Y repeler lo que nos están haciendo estos doscientos o trescientos hijos de la gran puta». Resultado: dos muertos y cientos de heridos. Así que cuando se dice lo de matar a millones no estamos hablando de libertad de expresión o del abuelo cebolleta, de comentarios jocosos para pasar el rato, sino de una asonada militar en toda regla.

Lo que sería oportuno y cabría esperar es que los ejércitos, tal como están concebidos hoy, se disolvieran para dar cabida si procede a un contingente mucho menor en número y superior en tecnología y formación en un ámbito competencial europeo, por supuesto supeditados al poder civil y siempre con vistas a la disolución total. Lo que no tiene cabida en ninguna circunstancia es que unos señores, por muy generales que sean, traten de extorsionar la voluntad popular expresada en las urnas con proclamas democráticamente inasumibles y legalmente sancionables. Tampoco es admisible que quien se proclama Jefe de los Ejércitos no les mande poner firmes y en una alocución absolutamente prescindible, banal y tópica diga: «los principios morales y éticos están por encima de las consideraciones personales o familiares». Igual que su antecesor: «todos somos iguales ante la Ley». Discursos manoseados, vacíos y fáciles. Lo peor es que aún hay quien espera algo de ellos. Como dice Sabino Cuadra Lasarte (no confundir con Sabino Fdez. Campos): «Hay pocas cosas que se me atraganten más que un rey hablando de ética y moral. Mucho más aún si, como es el caso, quien pontifica al respecto es un Borbón. Porque, vamos a ver, ¿hay alguna cosa más inmoral que ser jefe de Estado por meras razones genéticas y de sexo, que no por mérito, capacidad o elección alguna?»

Otros —los togados—se ciscan en uno de los principios del derecho: non bis in ídem y, después de una anulación de juicio dictada por el Tribunal Europeo, deciden, desoyendo lo que ha dictado un tribunal superior, repetir el juicio como es el «Caso Bateragune». Llama la atención que quienes se supone garantes de la ley y el orden vayan en contra del orden establecido al que se deben supeditar. Este gravísimo desacato es una muestra de su carácter porque se ponen por encima de los Derechos Humanos, del Estado de Derecho y de la Jurisdicción Europea. Siguen pensando que la Ley la hacen ellos, que ellos son la Ley y aplican el Derecho Penal del Enemigo. Para quien no sepa de qué va esto, el Tribunal Supremo Español dictó sentencia que se cumplió en su integridad pero recurrieron al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Este Tribunal les dio la razón y ahora el tribunal español ordena que se repita el juicio. Esto es primero volver a castigarles, segundo tratar de evitar una indemnización y por último marcar paquete para demostrar a ellos nadie les dice qué ni cómo.

 Derechos Humanos, Principios Éticos, Democracia, Justicia y Ley son términos que cuesta conjugar.

 

 


11/12/20

MINUTO Y MEDIO

 

COMENTARIOS AL RELATO PRESENTADO EN LA PÁGINA «EL TINTERO DE ORO» 


EL RELATO SE PUEDE LEER PINCHANDO AQUÍ O EN LA PESTAÑA SUPERIOR RELATOS CORTOS

 

 

5/12/20

PUBLICIDAD, PROPAGANDA Y NOTICIAS FALSAS

La frase «que la verdad no te estropee un buen titular», tiene unos cuantos años, pero cada vez cobra más actualidad, de hecho, a lo único a lo que se le presta atención es, no al reportaje, a la noticia o al mensaje, sino directamente al titular. Lo que vende es el espectáculo.

A nivel coloquial se suelen confundir con frecuencia los términos de publicidad y propaganda. La publicidad está encaminada a influir en la opinión pública para que consuma un producto. Y qué mejor manera de hacerlo que agrandando sus cualidades y ocultando sus defectos. La propaganda trata de influir en ideas, pensamientos o actitudes de aspectos sociales, políticos o religiosos de tal manera que no parece que su esencia sea la objetividad sino la manipulación. Por lo general la publicidad y la propaganda poco o nada tienen que ver con la información escueta y veraz.

Ambos términos participan de la misma premisa: influir con un objetivo y tiene su lógica si vemos cómo intencionadamente retuercen sus significados, de todo se hace publicidad, propaganda o directamente noticias falsas. No es lo mismo libertad de expresión que libertad de información. La primera son apreciaciones subjetivas de ideas, opiniones y juicios de valor, mientras que la segunda se refiere a la comunicación y difusión de noticias. La libertad de información no significa que ampare la emisión de noticias falsas, pero lo hacen ya que están convencidos de que no hay nada más eficaz que la mentira.

Cualquier actividad humana está impregnada de estos conceptos. El arte transmite ideas, sentimientos, mensajes. Las relaciones personales, sociales y laborales tienden a magnificar nuestro comportamiento. Las noticias hacen subir o hundir los mercados financieros. Baste como ejemplo cómo las expectativas de una vacuna inminente contra la Covid hacen que se dispare el IBEX35 en la mayor subida mensual de la bolsa de la historia y que las farmacéuticas se forren, claro. Si esta publicidad mercantil es engañosa, la de la política merece capítulo aparte. La política es el paradigma de la farsa, de intereses que se venden como abnegación hacia la sociedad. Los encargos que los gobiernos mandan a los medios de información como soporte publicitario necesitados de financiación,  son un arma poderosa para los propósitos de aquellos. ¿Cómo es posible que un tipo como Trump, con la chulería del peor matón de barrio, alcance la presidencia del primer país del mundo? Parece un producto televisivo fabricado para unos espectadores para quienes su única realidad es la que ven en la pantalla. De tanta simplicidad Internet y los medios de comunicación no tienen la culpa, pero son colaboradores necesarios. 

El engaño de la letra pequeña, las sutilezas del lenguaje, la distorsión de las imágenes o directamente de la realidad, es publicidad engañosa que crea falsas expectativas en el consumidor. Recuerdo un anuncio donde se leía desde lejos con grandes letras: SEXO GRATIS. Mirando la letra pequeña, el anuncio decía algo así: para personas de cualquier SEXO, si cambias una rueda, la segunda te sale GRATIS. La imaginación de los creativos publicitarios y propagandistas, que aquí sí forman un todo unitario, es inagotable. Es un terreno donde la honestidad y la realidad de lo que publicitan están tan camufladas, que el resultado es una caricatura grotesca de la verdad donde frecuentemente se pasa al engaño y al timo.

La publicidad subliminal es otro mundo en sí mismo. Esta publicidad está diseñada para generar un impacto a nivel subconsciente. Está llena de sutileza y de inteligencia. La encontramos en el cine, la televisión y en la literatura y donde quiera que mires aunque no lo percibas a primera vista. Nunca como ahora habíamos sido objeto de tan grande y sofisticado bombardeo mediático.

Cuando la información la convertimos en publicidad y propaganda, todo resulta una farsa como las fake news.

14/11/20

EL PANTEÓN DE LOS MONTFORT

 Comentarios al relato presentado en la página «EL TINTERO DE ORO».El texto se puede leer pichando AQUÍ  o en la pestaña superior RELATOS CORTOS.

 


8/11/20

LA DECENCIA

Según una de sus acepciones, el concepto de decencia tiene implicaciones puritanas con las que no comulgo, pero la decencia se puede entender también como un límite moral necesario que creo que estamos perdiendo.

Vivimos en sociedades muy complejas, en una época de crisis, donde los valores cardinales de nuestro tiempo cambian a una velocidad de vértigo. Cada vez está menos claro qué es lo correcto. La línea que separa lo tolerable de lo intolerable se desvanece, soportamos la perversión de forma cotidiana y no existe una explicación clara de cómo conseguimos convivir con ella, pero lo hacemos. Esta crisis de valores mínimos está relacionada con el exceso de información. Una comparación entre el escándalo de Watergate y las filtraciones de Wikilik puede ilustrar este aumento de nuestra capacidad de gestión de la corrupción.

La década de los setenta resalta en la prensa un caso de espionaje entre partidos políticos que hizo renunciar al presidente de Estados Unidos, considerado la persona más poderosa del mundo. En el siglo XXI, en cambio, la plataforma fundada por Julián Asagne ha sacado a la luz crímenes de guerra, torturas de prisioneros, desastres ecológicos, corrupción política, sin consecuencias reseñables. Parece que cuanto más sabemos, menos nos importa. En parte, la sordidez nos ha vencido por exceso, pero no solo. Existe un fatalismo previo, un pesimismo sobre la capacidad de mejora de la era y de las personas. Este fatalismo frena nuestra capacidad de oponernos al desastre, reprime nuestra decencia. La decencia no implica heroicidad, el héroe es aquel que trasciende su situación y su identidad para hacer algo extraordinario. La imagen del estudiante frente a los tanques en la plaza de Tiananmen es un arquetipo de heroicidad porque enfrentarse a un tanque va más allá de lo que esperamos de un estudiante. La propaganda política viene a abusar del concepto de heroicidad tergiversándolo. El abuso de las metáforas militares durante la pandemia es un ejemplo de esto, pero aunque la heroicidad puede ser encomiable, no es algo que sea lícito exigir a la mayoría. La mayoría no somos héroes ni queremos serlo, pero sí necesitamos sentirnos decentes. Esto no significa que mantener la decencia en situaciones extremas no sea complejo y encomiable. Por ejemplo, las sanitarias han tenido que pasar por experiencias durísimas solo para cumplir con su oficio durante la epidemia. Esto nos recuerda que en las situaciones extremas, permanecer decente supone todo un reto.

La decencia es un límite. Cuando la perdemos, perdemos parte de nuestra dignidad y de nuestra identidad. Nos desdibujamos, dejamos de saber quiénes somos. Como ciudadanos se supone que debemos reaccionar contra los actos que atentan contra los principios del estado de derecho, mientras tanto convivimos con una sistematización de la injusticia: corrupción política, autoritarismo, crímenes tolerados a las élites, humillación laboral sistemática, vulneración de derechos básicos. Revelarse, no aceptar, protestar contra esta deriva no debería ser extraordinario ni minoritario. Se trata tan solo de exigir a la vida unos mínimos. No es algo que hacer por los demás, no es altruismo, es algo que debemos hacer por nosotras, para seguir despertándonos por las mañanas sabiendo quiénes somos como personas decentes.

14/10/20

EL FUEGO ILUMINA LA NOCHE

 

COMENTARIOS al Relato presentado en EL TINTERO DE ORO de acuerdo con las premisas del cartel. Se puede leer punchando AQUÍ o en la pestaña superior RELATOS CORTOS.


             

8/10/20

EL HOMBRE SIN ROSTRO

 No pretendo hacer un tutorial sobre el modo de usar esta prenda que ya se ha hecho imprescindible y tiene pinta de que va para largo. La moda ha encontrado el filón y están creando tendencia, pero algunos van por libre, como la de la foto.

En esta foto no se explica cómo usarla sino cómo no hay que hacerlo. Además pongo en duda la eficacia de la que lleva la portadora, que es el mismo modelo que el que yo calzo, la estándar, ya que, si es capaz de traspasar con su mirada y leer el móvil, los puñeteros virus lo harán (lo de traspasar, no lo de leer) con más facilidad. Puede ser, no lo descarto, que la protagonista tenga la vista de Lince (Linceo para los amigos, personaje de la mitología griega, quien tenía la facultad de ver a través de paredes y objetos. De ahí es de donde viene el dicho “vista de lince”). Cabe también que se trate de “El hombre sin cara”, leyenda urbana de las que acojonan y es fuente de pesadillas. Yo me topé con él en un bar y no pasó nada, incluso pude sacarle discretamente la foto. Para verla, pinchar AQUÍ o en la pestaña superior IMÁGENES.

2/10/20

EL COTILLEO

 

El cotilleo, también llamado chismorreo y comadreo, es veneno puro que la gente se ha acostumbrado a consumir en grandes dosis. Lo que podía ser un momento de diversión sin otra pretensión que un pasatiempo inocente se ha convertido en un ejercicio de ocultación de nuestras propias miserias aireando las de los demás. En todo cotilleo hay un punto de malicia que parece consustancial a él. A pesar de que alguien dijo: «que hablen de mí aunque sea mal», no se cotillea por hacer un favor a nadie. Hay rivalidad, envidia o desprecio hacia la persona agraciada con el comentario.

 

La sociedad burguesa de antaño —por lo general ociosa— practicaba este pasatiempo con un refinamiento aparente pero con un fondo perverso como hienas devorando a su presa con una sonrisa. Menos maldad había en la servidumbre ya que su diversión consistía en contar sottovoce los devaneos de alcoba de los señores. Al resto de la plebe seguramente no le quedaba tiempo ni ganas para la literatura. De todo esto se aprovecharon los medios impresos al ver el filón, luego fueron las televisiones y ahora las redes sociales. Es la seña de identidad de esta sociedad. La rumorología es la ciencia que practican los cotillas. Como cada vez necesitan más carnaza, muda en crítica mordaz y corrosiva que cuando se ha extendido lo suficiente se convierte en verdad absoluta.

 

Un tal J. M. Bergoglio (un argentino en Roma) dijo: «el cotilleo es una plaga peor que la del coronavirus». Parece una aseveración de grueso calibre, pero si nos atenemos a la infalibilidad (¡uy! Qué palabra más complicada,  creo que nunca la había escrito) del Papa que dicen que cuando habla es “palabra de Dios”, habrá que tomarla como cierta si le introducimos algunos matices. No obstante, siendo una plaga tan perniciosa no se le dedica un segundo a erradicarla. Diría que todo lo contrario. Se potencia, no sé si directamente por el poder, pero al menos sí por los medios mal llamados de información. En cualquier caso, sirve como adormidera para gente insulsa. La gente mira una noticia y no se molesta en profundizar sobre qué significa y en su trascendencia. Se fija en lo superficial, en la anécdota. Ha perdido el espíritu crítico, si es que algún día lo tuvo. Tal vez la única utilidad positiva puede consistir en ser fuente de inspiración para la creación literaria a modo de lanzador de ideas.

 

Jules Romains, poeta y escritor, sentenció: «La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas, la gente mediocre habla de gente».


Ahí lo dejo.

 

 

3/9/20

EFECTOS COLATERALES

Mi anterior entrada en este blog la publiqué cuando se iniciaba el verano y lo hice hablando de la COVID. En esta ocasión toco el mismo tema cuando más o menos el verano parece que da muestras de agotamiento, al menos por la zona donde vivo. El mismo tema pero distinto enfoque porque con pertinaz insistencia el bombardeo de información nos machaca día a día: estadísticas, recuentos y omisión de veracidad. Se ha hablado profusamente diciendo una cosa y la contraria, desechando lo que antes era lo correcto o imponiendo aquello que antes no servía para nada. He llegado a un punto de saturación donde ni a lo gracioso que corre por las redes le doy ya curso.

El enfoque es el cómo esta pandemia ha cambiado, no nuestros comportamientos como analizaba en la anterior entrada, sino el punto de vista en pleno sentido del término vista. Es decir, de la mirada.

El principal inconveniente de llevar en público algo que nos tapa parcialmente el rostro es que no nos podemos hacer una idea completa de quien la porta. No se puede leer en los labios ni percibir sus gestos ni los del resto de la cara. Hemos perdido expresiones que trasmiten mucho: emociones, dudas, quereres y odios, enfados y alegrías. Igual nos pueden mandar un beso que sacar la lengua, porque no se recibe. Incluso el sonido de la voz nos llega distorsionado. La sonrisa, que era el anuncio del final de la interlocución de una persona, ha desaparecido y tenemos que esperar a que la pausa nos lo indique.

Con todos los inconvenientes, hay algo con lo que estoy encantado. Con la mascarilla, nuestra mirada se centra en los ojos de quien tenemos enfrente y parece que se habla menos. Antes los embozos se usaban para ocultar la identidad de las personas, ahora nos resalta lo que dice la mirada. Los ojos han cobrado una relevancia notable, más de la que siempre han tenido. Estoy gratamente sorprendido con el descubrimiento de ver muchos ojos hermosos, brillantes, sugerentes —incluso entre mis conocidos— que sin mascarilla pasarían desapercibidos, opacados por el conjunto.  

 

11/6/20

LA MODIFICACIÓN DEL COMPORTAMIENTO

El coronavirus ha modificado sustancialmente nuestros comportamientos y costumbres. Algunos de ellos provisionalmente, otros con proyección de futuro.

Entre los primeros destacaría cómo muchas personas han sacado ese policía que llevaban dentro más o menos larvado. Quizás ya venían apuntando maneras desde cuando la escuela donde eran el típico chivato. Siempre he odiado a los chivatos, a los acusicas, a los delatores, a los denunciantes anónimos, a los soplones, a los que señalan con el dedo. En esta ocasión se ha llegado al insulto desde los balcones a quien transitaba por la calle, llevara o no motivo bastante para hacerlo. Se ha prodigado el francotirador con el ojo pegado a la mirilla telescópica y el dedo en el gatillo, agazapado esperando que pase la presa.

Entre los comportamientos que se perpetuarán (ahora se dice que han venido para quedarse, no me resisto a ponerlo), está el tele trabajo. Aparentemente inocuo (¡qué guay!, trabajar sin salir de casa) pero que presenta desventajas evidentes si no se regula a tiempo. No todo se puede realizar vía internet por las indiscutibles limitaciones que tiene por la propia idiosincrasia de algunos trabajos que deben ser necesariamente presenciales. El Estado Español está a la cola de Europa en esta forma de trabajar, así que su aumento será exponencial. La pandemia ha sido el acicate. Facilitará la conciliación familiar, la autonomía tanto en disponibilidad de tiempo como en organización de tareas.

Pero los peligros que trae este sistema son ciertos. Fundamentalmente son la desregulación del las relaciones patrón-trabajador y la desprotección de los derechos de los trabajadores mediante la reducción de plantillas, lo que avoca a la precariedad, si no a la explotación. Más horas no pagadas, menor protección social, más responsabilidad por el resultado del trabajo. El enriquecimiento del contacto y puesta en común con los compañeros —el trabajo en equipo crea sinergia, cuando no es directamente imprescindible—, la agilidad en las consultas de apoyo, el conocerlos personalmente. Sería muy triste conocerlos por pantalla o simplemente por un código de empleado. La  inestabilidad del freelance es evidente.

 Otro inconveniente es el aislamiento individual y la falta de socialización que conlleva. El roce personal, la confidencia, las celebraciones, son fundamentales para la salud mental, incluso física. Finalmente, la venta online también se incrementará en detrimento del comercio local, lo cual será el desastre para la vida social de calle en ciudades y barrios que los despersonalizará.

Pero, cuidado, no hay que rechazar este sistema porque el ímpetu de los sistemas tecnológicos de trabajo evolucionan de manera imparable hacia ello. La cuestión es aprovechar sus ventajas y regularlo adecuadamente.

Y como esta entrada ha empezado con el coronavirus y con los cambios de rutinas, hoy me voy a desmelenar y cambiaré mi costumbre de preservar mi anonimato colgando una foto del reciente confinamiento. Una foto de frente que representa cómo afronté la pandemia. Se puede ver pinchando AQUÍ o en la pestaña superior IMÁGENES. 


2/5/20

EL REY, SALTANDO POR ENCIMA DE LA LEY



En la Universidad tuve un profesor de Derecho Constitucional muy circunspecto: Doctor en Derecho, Letrado-Asesor del Tribunal Constitucional, Síndico Mayor del Parlamento, eminente jurista y todas esas cosas que suelen adornar los currículos de los «ilustres juristas de reconocida competencia» quien, a juzgar por sus méritos, era el idóneo para versar sobre la materia.

Llegamos un día al Art. 56.3 de la C.E. (Constitución Española), aquel que asegura que el Rey es irresponsable y, para más abundamiento, sus actos deben estar siempre refrendados por el Presidente de Gobierno, del Congreso o del Ministro correspondiente, careciendo el acto de validez sin dicho refrendo. Y también llegamos al art. 64.2 que determina que «de los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden».

¿Qué quiere decir esto? Pues mucho más de lo que parece. Veamos. Según aseguró mi ilustre profesor, esos actos de los que no es responsable el Rey se refieren exclusivamente a los ejercidos como consecuencia de sus funciones constitucionales y no de sus actos particulares. Dicho sea de paso, entró en el examen y saqué un notable. La irresponsabilidad se refiere a los actos de gobierno que por eso los tiene que refrendar alguien del mismo Gobierno para hacerse responsable. De lo que no puede responsabilizarse un Ministro es de un delito de otro por muy Rey que sea. Lo dice la Ley: la responsabilidad penal es personal e intransferible. Parece lógico que una Ley no ampare el delito. Llevarse un dinerillo sin pasar por la caja del fisco es delinquir. Nadie lo pondría en duda, pero parece ser que hay una excepción, lo que sería la IMPUNIDAD DEL DELITO.

Llevando este absurdo al límite, podría el Rey dedicarse  a matar, violar o a atropellar casualmente a alguien con el coche, cargarle el muerto al Presidente de Gobierno de turno y mandarle a la cárcel por ser el responsable. Y así hasta el infinito. Según todo esto, no sé cómo se ha logrado llegar al consenso general y aceptar que al Rey no se le puede, no ya juzgar, ni siquiera investigar. Puede que sea muy legal si así se les ocurre —porque esto no deja de ser otra cosa mas que una ocurrencia—, pero no es justo.  Me parece la mayor aberración jurídica y no digamos democrática. «Todos somos iguales ante la Ley», decía quien goza de semejantes privilegios. Y la inmunidad y la impunidad le duran y duran y duran de por vida y más allá, por lo visto. Me gustaría oír ahora el parecer de mi ilustre profe. Nada, simplemente por contrastar pareceres. También queda claro que si lo que firma lo tiene que refrendar otro, esta figura tan regia es un figurín y que el puesto es absolutamente prescindible.

No se trata de que nos guste más o menos la monarquía, que también, sino de que a un presunto delincuente no se le puede juzgar por sus delitos y que, para más escarnio, representa a un Estado, por tanto, nos representa a todos y ahí es donde me duele más.

Ahora el hijo legatario (no las hijas que deberían tener los mismos derechos), en un acto para la galería, sin validez legal y hecho de tapadillo en un momento donde el personal está acojonado con el COVID-19, toma la decisión de renunciar a la herencia de su testador y campechano padre. Es de manual. Del de Noam Chomsky en su Diez Técnicas de Manipulación: 1ª La distracción. Se trata de desviar la atención de lo que hacemos con otro asunto que no nos compete. 4ª Dirigirse al público como si fueran menores de edad. 5ª Utilizar el aspecto emocional mejor que la reflexión. 6ª Mantener al público en la ignorancia. Parece que únicamente ha renunciado a esa cuenta que le han pillado en un paraíso fiscal. Una renuncia que la Ley no permite realizar en vida del donante. Digo yo que la renuncia debería hacerla por la totalidad de la herencia como también dice la Ley. No se puede renunciar a parte. Esto cojo y esto dejo. Y en este todo está incluida la Corona porque también es hereditaria. Sería la única manera de intentar regenerar una Institución. Ahora con esto de la “guerra” que se han inventado contra el COVID19 nos salen con que el Rey es  el primer soldado en esta lucha. Yo diría que está desaparecido en combate.

Todo esto se lo planteas a los vasallos y, en vez de discutirlo si es que tuviera un pase, se te tiran al cuello como único argumento. Parece que les gusta, con lo cual tenemos para rato. Y no he mencionado la herencia franquista que lleva en sus genes esta monarquía.

Para cerrar esta entrada, no quiero dejar pasar la oportunidad de mencionar el estribillo de la canción titulada “Simpático holgazán” de la banda punk de Vallecas Ska-P. Me parece que es un magnífico resumen: «El Rey, el Rey, saltando por encima de la Ley, el Rey, simpático holgazán...».


12/4/20

LA OPCIÓN ENTRE LO IMPORTANTE Y LO URGENTE

La pregunta del millón. ¿Qué es más importante? ¿Qué hacemos primero?

Cuántas veces oímos que hay que saber qué tiene prioridad: lo importante o lo urgente. Así, de entrada, estamos ante un dilema erróneo. Lo que hay que saber es distinguir qué es una cosa y qué la otra ya que, si no lo sabemos, cometemos el error de atender asuntos que pueden parecer urgentes dejando lo importante relegado.
Ambas premisas tienen su peso específico. Por ejemplo, la apelación a un Tribunal (lo importante) hay que hacerla  en un tiempo determinado (lo urgente) para que pueda prosperar. Hay cuestiones que participan con igual peso de las dos y no presentan problema. Esas hay que hacerlas ya y, si hay varias, el problema será saber ordenarlas por orden de prioridad. También hay otras que no son ni importantes ni urgentes. Serán las que deberíamos dejar para mejor ocasión o, mejor expresado, para cuando no tengamos otra cosa mejor.
La importancia es una interpretación subjetiva en función del interés que tengamos en que se realicen unos objetivos de acuerdo con nuestras metas o gustos. La urgencia puede considerarse la consecuencia negativa que acarrea no hacerlo dentro de un tiempo. El tiempo disponible marca la urgencia. Una tarea sin fecha jamás será urgente aunque sea importante.
Para calcular la urgencia de un asunto podemos hacerlo dividiendo  el tiempo que se tarda en hacer la tarea entre el tiempo que nos queda hasta la fecha límite. Si la división es superior a uno, lo siento, no tienes tiempo de cumplirla. Cuanto más cercano al cero, menos urgente es y cuanto más cercano a uno (sin pasarlo), más urgente. La comparación de dos tareas importantes con esta fórmula nos dará pistas de cual haremos antes. Pero supongo que todos nos hacemos mentalmente estos cálculos sin necesidad de llevarlo al papel.
Un error muy común es no saber distinguir y creer que todo lo urgente es importante, aunque, naturalmente peor será quienes no consideran nada ni importante ni urgente, pero a estos mejor olvidarlos.
Todo se clarifica o complica dependiendo de los matices y de las circunstancias. El secreto está en hacer cuanto antes lo importante, no posponerlo ni acumular tareas, y tener claras tus prioridades e intereses, de esta manera estaremos eliminando tareas urgentes. Quien no tenga bien definidos sus intereses no sabrá priorizar y se equivocará en la elección.
Al margen de la aplicación práctica en la vida, me parece un tema apasionante, con mucho juego. Fundamentalmente para cuando no se tiene nada importante ni urgente que decir y se empieza a especular. Lo del juego lo digo en el pleno sentido. Cuando en una discusión le dices a alguien que debería distinguir entre lo importante y lo urgente o si sabe la diferencia entre amos, lo desarmas. Le haces desviar su pensamiento del objeto de la discusión o dudar de su posición. Para mí no deja de ser una pregunta tramposa. Una formulación hueca.
Y después de dicho esto, digo que está todo inventado. La sabiduría popular hace siglos que tiene la fórmula mágica: «Primero es el deber y luego el placer». «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». «Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio». Esta última referida más a la claridad y orden de las ideas. Así de sencillo, sin tanta rimbombancia y sin necesidad de gastarte un pastón en un coaching que descubra tus fortalezas y debilidades.


14/3/20

PARALIZADOS POR EL MIEDO

Estamos metidos de lleno estos días en un problema a nivel planetario, nunca mejor dicho porque afecta o nos va a afectar a todos. El miedo ronda ante la incertidumbre. Individualmente no tenemos nada que hacer porque el «sálvese quien pueda» no funciona a no ser que nos dediquemos al saqueo, la rapiña y a defender a toda costa lo que tenemos, algo que podría valer a unos pocos y por poco tiempo. No lo digo en  broma. El miedo conduce al pánico y en este punto todo es incontrolable. En otras circunstancias se han visto acciones de este tipo como asaltos a supermercados que derivan en: me llevo un televisor de no sé cuántas pulgadas, arramplo con un cargamento de whisky de la mejor calidad o me llevo un vestido de la Fashion Week de un escaparate, maniquí incluido. Lo hemos visto por la tele. Y, si ha salido por la tele, es palabrita del Niño Jesús. El paradigma consumista y materialista está haciendo estragos. Así que evitar estas situaciones es obligación de quien manda, garantizando lo que la sociedad necesita.

No quiero hablar de coronavirus, un bichito que sospechosamente anda rondando por laboratorios y despachos (en estos de forma virtual) hace bastante tiempo. De lo que quería reflexionar es sobre el miedo. Sirve para espolear al indeciso o para paralizarlo. Patologías y fobias aparte, la diferencia depende de cómo lo gestionamos. A veces se ignora la realidad y así creemos que hemos superado los problemas. La contrapartida es que nos entregamos atados de pies y manos.

El miedo es un mecanismo de defensa para responder ante situaciones amenazantes y preservarnos de la tragedia. Es un sentimiento humano. Todos lo tenemos. Alguna vez más manifiesto que otras. Incluso hay quien vive en un permanente miedo haya o no peligro real. Cuando el peligro no es real, el miedo no cumple su función y se crea la ansiedad, nos paraliza y hace que tomemos decisiones equivocadas. Es el arma preferida de los regímenes poco democráticos o de los grupos de presión que manejan el mundo. Y así en cascada hasta llegar al último escalón de mando. Paralizados por el miedo somos presa fácil. Algunos tienen miedo a los demás, mientras que otros se temen a sí mismos. Unos a la muerte y otros a la vida; unos a la oscuridad y otros a la luz; unos a la mentira y otros a la verdad.

El miedo hace que miremos a otro lado y callemos. Cuando callamos  perdemos la capacidad de exigir y establecer límites. Perdemos la interrelación con el conjunto de la sociedad y renunciamos a la cooperación para avanzar, lo que nos hace vulnerables e inhumanos. Aldous Huxley acierta al decir que el miedo llega a expulsar al hombre de la humanidad misma. Hermann Hesse también al decir que cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros. Por eso, cuando el miedo quiebra, desaparece la dominación de quien infunde el temor y la relación se invierte. Parece, en conclusión, que hay un consenso en decir que el único antídoto contra el miedo es la esperanza que parece más fuerte, aunque Nietzsche sostiene que la esperanza es el peor de los males pues prolonga el sufrimiento humano. Supongo que se refiere a que pensar en un futuro mejor te impide analizar la realidad a la hora de tomar decisiones. Yo no se lo voy a discutir, pero creo que se podría hacer una síntesis entre lo uno y lo otro.

Entre tanto habrá que aceptar las restricciones impuestas con resignación y con la esperanza —nunca más deseada porque no nos queda otra— de que pare la pesadilla.