14/10/20

EL FUEGO ILUMINA LA NOCHE

 

Relato presentado en EL TINTERO DE ORO de acuerdo con las premisas del cartel. He querido terminarlo con la misma frase que la de la novela. 


             


 

 

EL FUEGO ILUMINA LA NOCHE

 

El día ha trascurrido anodino, como suelen ser todos los días desde que tengo memoria. Siempre la misma rutina: desayuno, lectura y paseo jalonado con algunas pequeñas distracciones que voy encontrando por el camino.  Por las noches se despierta en mí un afán de sensaciones a las que procuro dar satisfacción en la medida de lo posible.

 

Las farolas llevan un rato encendidas y malogran el espectáculo. El banco aun siendo de madera, es confortable pero nada comparado a mi sillón de lectura. Desde aquí las vistas son inmejorables y la temperatura invita a repantingarse y disfrutar.

 

La vida no tiene una explicación plausible. Por muchos datos que pudiera contar acerca de mi existencia, lo esencial quedaría oculto sin salir. Desde el momento que lo pusiera en palabras, lo habría desvirtuado. Me pregunto por qué mis pensamientos y mis hechos son así y no encuentro respuesta. He llegado a la conclusión de que no hay nada que justifique una vida, nada que merezca la pena. Las ilusiones, los proyectos no son nada más que fuegos fatuos que abren un mundo inalcanzable, hasta que nos damos cuenta de que la realidad lo relativiza todo. Las gentes se esfuerzan por ser mejores, por aprender, pero pronto sucumben a la mediocridad circundante y no se dan cuenta de que su vida no vale una mierda.

 

Nací en una familia burguesa acomodada lo que me permite vivir con holgura. Pasé una adolescencia con pequeños sobresaltos  y algún incidente que luego relataré. Mis estudios siguieron el camino previsto desde el principio hasta terminar la carrera. Me casé con la novia de siempre. Follamos regularmente, casi siempre el sábado, no por mi interés sino por el de ella que está empeñada en tener una prole a toda costa como tienen todas sus amistades. Ese no es mi proyecto.

 

Podría seguir fingiendo toda la vida en un ambiente social cargado de convencionalismos. Lo cierto es que aborrezco todo eso. El optimismo me da náuseas. Es perverso. Los sentimientos de pena y compasión me asquean. Todos los días salgo a la calle a ver las miserias de gente depravada, es lo único que me reconforta. Busco el ambiente sórdido, canallesco, de los barrios más degradados. Me voy a las estaciones de metro donde duermen los menesterosos. A los parques donde pernoctan los marginados, los drogados y borrachos. Donde la gente que lleva una existencia sombría destilada entre las brumas de una vida castigada por la miseria y el alcoholismo.

 

No hace falta recorrer media ciudad. Miro los pintores callejeros. Estas pinturas serán lo suficientemente horribles como para interesarme un rato. En un alarde de vulgaridad me gusta echarles una moneda, la más pequeña que encuentre, eso hace sentirme reconfortado, es mi forma de decirme que no soy como ellos y decirles que no tienen esperanza. Gente derrotada sin posibilidad de regeneración. Me detengo especialmente gozoso en las puertas de los bancos de alimentos, en las de las casas de caridad, en las entradas de los hospicios. Gentes que forman fila resignados a lo que les den para llevar a su familia. No, no tendrán familia. Puede que algunos vivan hacinados como bestias, pero eso no es familia. Son solitarios, aislados de la realidad. Caminan arrastrando los pies, sin levantar la vista. El mundo está lleno de perdedores y la vida llena de miseria, soledad y sufrimiento. Pero lo peor es la tristeza que trasmiten sus rostros. A veces me compadezco de alguien, pero creo que es mejor no sentir lástima por nadie. Lo que yo hago es el mayor favor que puedo hacerles. Deambulo marcando distancias y, mientras esto me entretiene, de vez en cuando encuentro una pieza de caza mayor.

 

Aquella muchacha la encontré compungida, errática por el parque. Me dijo entre sollozos que su padre le había dado una paliza y echado de casa por golfa —le había dicho— y su novio se había desentendido de ella. Preñada, sin dinero ni un techo, necesitaba ayuda urgente. Fui con ella exquisitamente galante. Le prometí dinero y protección. Me acompañó esperanzada mientras componía su rostro. Al pasar por un callejón la conduje suavemente hasta el final, donde los contenedores. Al principio se dejaba, pero enseguida comenzó a gritar. Ahí la dejé. Su boca dibujaba una macabra mueca en un alarido silencioso de horror hasta que el fuego la borró. Siempre la recordaré porque, aunque hubo más, esta fue la primera.

 

Ahora estoy contemplando el fuego iluminando la noche. Me lleva a mis doce años y me trae el recuerdo del lazareto donde empezó todo. Cómo movían el rabo, saltando de contentos, abrigando la vana esperanza de que, por fin, tendrían un hogar. Luego fue distinto. Con las llamas corrían desesperados en sus diminutas jaulas chocando contra los barrotes hasta que todo se calmó. Nadie me lo agradeció.

 

Las puertas del asilo están abiertas pero no sale nadie despavorido. El reloj de la historia hace tiempo que debía haberse parado en este lugar. No me gusta imaginar lo que está pasando en su interior. Quiero ver, cerciorarme de que la función acaba como la he diseñado.

El espectáculo pirotécnico no se puede prolongar más allá de la noche. Estoy decepcionado con este fracaso. Debe ser la señal. Esperaré a que vengan a por mí.


Por fin he llegado a una conclusión: no sé más que si fuera otro piojoso ser humano.

 

8/10/20

EL HOMBRE SIN ROSTRO

 No pretendo hacer un tutorial sobre el modo de usar esta prenda que ya se ha hecho imprescindible y tiene pinta de que va para largo. La moda ha encontrado el filón y están creando tendencia, pero algunos van por libre, como la de la foto.

En esta foto no se explica cómo usarla sino cómo no hay que hacerlo. Además pongo en duda la eficacia de la que lleva la portadora, que es el mismo modelo que el que yo calzo, la estándar, ya que, si es capaz de traspasar con su mirada y leer el móvil, los puñeteros virus lo harán (lo de traspasar, no lo de leer) con más facilidad. Puede ser, no lo descarto, que la protagonista tenga la vista de Lince (Linceo para los amigos, personaje de la mitología griega, quien tenía la facultad de ver a través de paredes y objetos. De ahí es de donde viene el dicho “vista de lince”). Cabe también que se trate de “El hombre sin cara”, leyenda urbana de las que acojonan y es fuente de pesadillas. Yo me topé con él en un bar y no pasó nada, incluso pude sacarle discretamente la foto. Para verla, pinchar AQUÍ o en la pestaña superior IMÁGENES.

2/10/20

EL COTILLEO

 

El cotilleo, también llamado chismorreo y comadreo, es veneno puro que la gente se ha acostumbrado a consumir en grandes dosis. Lo que podía ser un momento de diversión sin otra pretensión que un pasatiempo inocente se ha convertido en un ejercicio de ocultación de nuestras propias miserias aireando las de los demás. En todo cotilleo hay un punto de malicia que parece consustancial a él. A pesar de que alguien dijo: «que hablen de mí aunque sea mal», no se cotillea por hacer un favor a nadie. Hay rivalidad, envidia o desprecio hacia la persona agraciada con el comentario.

 

La sociedad burguesa de antaño —por lo general ociosa— practicaba este pasatiempo con un refinamiento aparente pero con un fondo perverso como hienas devorando a su presa con una sonrisa. Menos maldad había en la servidumbre ya que su diversión consistía en contar sottovoce los devaneos de alcoba de los señores. Al resto de la plebe seguramente no le quedaba tiempo ni ganas para la literatura. De todo esto se aprovecharon los medios impresos al ver el filón, luego fueron las televisiones y ahora las redes sociales. Es la seña de identidad de esta sociedad. La rumorología es la ciencia que practican los cotillas. Como cada vez necesitan más carnaza, muda en crítica mordaz y corrosiva que cuando se ha extendido lo suficiente se convierte en verdad absoluta.

 

Un tal J. M. Bergoglio (un argentino en Roma) dijo: «el cotilleo es una plaga peor que la del coronavirus». Parece una aseveración de grueso calibre, pero si nos atenemos a la infalibilidad (¡uy! Qué palabra más complicada,  creo que nunca la había escrito) del Papa que dicen que cuando habla es “palabra de Dios”, habrá que tomarla como cierta si le introducimos algunos matices. No obstante, siendo una plaga tan perniciosa no se le dedica un segundo a erradicarla. Diría que todo lo contrario. Se potencia, no sé si directamente por el poder, pero al menos sí por los medios mal llamados de información. En cualquier caso, sirve como adormidera para gente insulsa. La gente mira una noticia y no se molesta en profundizar sobre qué significa y en su trascendencia. Se fija en lo superficial, en la anécdota. Ha perdido el espíritu crítico, si es que algún día lo tuvo. Tal vez la única utilidad positiva puede consistir en ser fuente de inspiración para la creación literaria a modo de lanzador de ideas.

 

Jules Romains, poeta y escritor, sentenció: «La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas, la gente mediocre habla de gente».


Ahí lo dejo.

 

 

22/9/20

TRES MUJERES Y UNA HISTORIA CORTA

 Relato presentado en EL TINTERO DE ORO con un argumento originado por un generador automático y con una extensión máxima de 250 palabras. 


Argumento:

La gerente de un hotel incapaz de confiar en la gente y una azafata que solo come la comida que ella misma se cocina, se esconderán en los edificios vacíos para que los alienígenas que han llegado no los descubran, cuando aparece en escena una rockera, donde la enfermedad y la identidad sexual estarán presentes en una historia corta.

NOTA. He querido emplear todos los elementos que aparecen en el argumento dándoles mi interpretación, lo cual permite pocas florituras en tan poco espacio, al menos para mi capacidad, pero lo cierto es que me ha resultado divertido a pesar de lo disparatado.

 

TRES MUJERES Y UNA HISTORIA CORTA

 

Antes de que dieran las siete treinta de la mañana, Michelle llegaba al motel cuando el vigilante de noche terminaba su turno. Miraba los alojamientos, planificaba tareas y revisaba la indumentaria del personal que llegaría a las ocho. Todos puntuales menos una azafata recién contratada que debía llegar un poco antes para recibir instrucciones específicas.

—Buenos días, señora directora —saludaba Ivanka en un tono que deshacía a Michelle.

—Buenos días —respondía Michelle ruborizada mientras revisaba las notas de los casilleros y ponía la radio aparentando normalidad.

Ese día el noticiero fue alarmante. Se había detectado una invasión alienígena merodeando la zona. Las autoridades pedían no salir de casa, extremar las precauciones y avisar a la policía.

Se miraron alteradas. Michelle propuso hacer acopio de alimentos y esconderse en el almacén anexo. Ivanka cogió la fiambrera de la que jamás se separaba. Antes de llegar vieron acercarse a una mujer tambaleante, con trazas de rockera y un velo de novia mal encajado.

—¡Estoy desorientada! ¡Necesito alojamiento! —repetía a gritos con voz bronca.

—¡Ya están aquí! ¡Corre! —gritó Michelle.

Antes de que les diera alcance lograron encerrarse.

Michelle no perdió tiempo. Cogió por la cintura a Ivanka y empezó a manosearla sin miramiento. Sus bocas se juntaron y las lenguas iniciaron un baile alocado. Ivanka abrió la fiambrera con disimulo.

El espectáculo fue horrible. Michelle no tuvo ninguna oportunidad. Miles de gusanos saltaron a su cara y rápidamente se extendieron por el cuerpo devorándolo y dejando en el suelo un traje impoluto.

3/9/20

EFECTOS COLATERALES

Mi anterior entrada en este blog la publiqué cuando se iniciaba el verano y lo hice hablando de la COVID. En esta ocasión toco el mismo tema cuando más o menos el verano parece que da muestras de agotamiento, al menos por la zona donde vivo. El mismo tema pero distinto enfoque porque con pertinaz insistencia el bombardeo de información nos machaca día a día: estadísticas, recuentos y omisión de veracidad. Se ha hablado profusamente diciendo una cosa y la contraria, desechando lo que antes era lo correcto o imponiendo aquello que antes no servía para nada. He llegado a un punto de saturación donde ni a lo gracioso que corre por las redes le doy ya curso.

El enfoque es el cómo esta pandemia ha cambiado, no nuestros comportamientos como analizaba en la anterior entrada, sino el punto de vista en pleno sentido del término vista. Es decir, de la mirada.

El principal inconveniente de llevar en público algo que nos tapa parcialmente el rostro es que no nos podemos hacer una idea completa de quien la porta. No se puede leer en los labios ni percibir sus gestos ni los del resto de la cara. Hemos perdido expresiones que trasmiten mucho: emociones, dudas, quereres y odios, enfados y alegrías. Igual nos pueden mandar un beso que sacar la lengua, porque no se recibe. Incluso el sonido de la voz nos llega distorsionado. La sonrisa, que era el anuncio del final de la interlocución de una persona, ha desaparecido y tenemos que esperar a que la pausa nos lo indique.

Con todos los inconvenientes, hay algo con lo que estoy encantado. Con la mascarilla, nuestra mirada se centra en los ojos de quien tenemos enfrente y parece que se habla menos. Antes los embozos se usaban para ocultar la identidad de las personas, ahora nos resalta lo que dice la mirada. Los ojos han cobrado una relevancia notable, más de la que siempre han tenido. Estoy gratamente sorprendido con el descubrimiento de ver muchos ojos hermosos, brillantes, sugerentes —incluso entre mis conocidos— que sin mascarilla pasarían desapercibidos, opacados por el conjunto.  

 

11/6/20

LA MODIFICACIÓN DEL COMPORTAMIENTO

El coronavirus ha modificado sustancialmente nuestros comportamientos y costumbres. Algunos de ellos provisionalmente, otros con proyección de futuro.

Entre los primeros destacaría cómo muchas personas han sacado ese policía que llevaban dentro más o menos larvado. Quizás ya venían apuntando maneras desde cuando la escuela donde eran el típico chivato. Siempre he odiado a los chivatos, a los acusicas, a los delatores, a los denunciantes anónimos, a los soplones, a los que señalan con el dedo. En esta ocasión se ha llegado al insulto desde los balcones a quien transitaba por la calle, llevara o no motivo bastante para hacerlo. Se ha prodigado el francotirador con el ojo pegado a la mirilla telescópica y el dedo en el gatillo, agazapado esperando que pase la presa.

Entre los comportamientos que se perpetuarán (ahora se dice que han venido para quedarse, no me resisto a ponerlo), está el tele trabajo. Aparentemente inocuo (¡qué guay!, trabajar sin salir de casa) pero que presenta desventajas evidentes si no se regula a tiempo. No todo se puede realizar vía internet por las indiscutibles limitaciones que tiene por la propia idiosincrasia de algunos trabajos que deben ser necesariamente presenciales. El Estado Español está a la cola de Europa en esta forma de trabajar, así que su aumento será exponencial. La pandemia ha sido el acicate. Facilitará la conciliación familiar, la autonomía tanto en disponibilidad de tiempo como en organización de tareas.

Pero los peligros que trae este sistema son ciertos. Fundamentalmente son la desregulación del las relaciones patrón-trabajador y la desprotección de los derechos de los trabajadores mediante la reducción de plantillas, lo que avoca a la precariedad, si no a la explotación. Más horas no pagadas, menor protección social, más responsabilidad por el resultado del trabajo. El enriquecimiento del contacto y puesta en común con los compañeros —el trabajo en equipo crea sinergia, cuando no es directamente imprescindible—, la agilidad en las consultas de apoyo, el conocerlos personalmente. Sería muy triste conocerlos por pantalla o simplemente por un código de empleado. La  inestabilidad del freelance es evidente.

 Otro inconveniente es el aislamiento individual y la falta de socialización que conlleva. El roce personal, la confidencia, las celebraciones, son fundamentales para la salud mental, incluso física. Finalmente, la venta online también se incrementará en detrimento del comercio local, lo cual será el desastre para la vida social de calle en ciudades y barrios que los despersonalizará.

Pero, cuidado, no hay que rechazar este sistema porque el ímpetu de los sistemas tecnológicos de trabajo evolucionan de manera imparable hacia ello. La cuestión es aprovechar sus ventajas y regularlo adecuadamente.

Y como esta entrada ha empezado con el coronavirus y con los cambios de rutinas, hoy me voy a desmelenar y cambiaré mi costumbre de preservar mi anonimato colgando una foto del reciente confinamiento. Una foto de frente que representa cómo afronté la pandemia. Se puede ver pinchando AQUÍ o en la pestaña superior IMÁGENES. 


2/5/20

EL REY, SALTANDO POR ENCIMA DE LA LEY



En la Universidad tuve un profesor de Derecho Constitucional muy circunspecto: Doctor en Derecho, Letrado-Asesor del Tribunal Constitucional, Síndico Mayor del Parlamento, eminente jurista y todas esas cosas que suelen adornar los currículos de los «ilustres juristas de reconocida competencia» quien, a juzgar por sus méritos, era el idóneo para versar sobre la materia.

Llegamos un día al Art. 56.3 de la C.E. (Constitución Española), aquel que asegura que el Rey es irresponsable y, para más abundamiento, sus actos deben estar siempre refrendados por el Presidente de Gobierno, del Congreso o del Ministro correspondiente, careciendo el acto de validez sin dicho refrendo. Y también llegamos al art. 64.2 que determina que «de los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden».

¿Qué quiere decir esto? Pues mucho más de lo que parece. Veamos. Según aseguró mi ilustre profesor, esos actos de los que no es responsable el Rey se refieren exclusivamente a los ejercidos como consecuencia de sus funciones constitucionales y no de sus actos particulares. Dicho sea de paso, entró en el examen y saqué un notable. La irresponsabilidad se refiere a los actos de gobierno que por eso los tiene que refrendar alguien del mismo Gobierno para hacerse responsable. De lo que no puede responsabilizarse un Ministro es de un delito de otro por muy Rey que sea. Lo dice la Ley: la responsabilidad penal es personal e intransferible. Parece lógico que una Ley no ampare el delito. Llevarse un dinerillo sin pasar por la caja del fisco es delinquir. Nadie lo pondría en duda, pero parece ser que hay una excepción, lo que sería la IMPUNIDAD DEL DELITO.

Llevando este absurdo al límite, podría el Rey dedicarse  a matar, violar o a atropellar casualmente a alguien con el coche, cargarle el muerto al Presidente de Gobierno de turno y mandarle a la cárcel por ser el responsable. Y así hasta el infinito. Según todo esto, no sé cómo se ha logrado llegar al consenso general y aceptar que al Rey no se le puede, no ya juzgar, ni siquiera investigar. Puede que sea muy legal si así se les ocurre —porque esto no deja de ser otra cosa mas que una ocurrencia—, pero no es justo.  Me parece la mayor aberración jurídica y no digamos democrática. «Todos somos iguales ante la Ley», decía quien goza de semejantes privilegios. Y la inmunidad y la impunidad le duran y duran y duran de por vida y más allá, por lo visto. Me gustaría oír ahora el parecer de mi ilustre profe. Nada, simplemente por contrastar pareceres. También queda claro que si lo que firma lo tiene que refrendar otro, esta figura tan regia es un figurín y que el puesto es absolutamente prescindible.

No se trata de que nos guste más o menos la monarquía, que también, sino de que a un presunto delincuente no se le puede juzgar por sus delitos y que, para más escarnio, representa a un Estado, por tanto, nos representa a todos y ahí es donde me duele más.

Ahora el hijo legatario (no las hijas que deberían tener los mismos derechos), en un acto para la galería, sin validez legal y hecho de tapadillo en un momento donde el personal está acojonado con el COVID-19, toma la decisión de renunciar a la herencia de su testador y campechano padre. Es de manual. Del de Noam Chomsky en su Diez Técnicas de Manipulación: 1ª La distracción. Se trata de desviar la atención de lo que hacemos con otro asunto que no nos compete. 4ª Dirigirse al público como si fueran menores de edad. 5ª Utilizar el aspecto emocional mejor que la reflexión. 6ª Mantener al público en la ignorancia. Parece que únicamente ha renunciado a esa cuenta que le han pillado en un paraíso fiscal. Una renuncia que la Ley no permite realizar en vida del donante. Digo yo que la renuncia debería hacerla por la totalidad de la herencia como también dice la Ley. No se puede renunciar a parte. Esto cojo y esto dejo. Y en este todo está incluida la Corona porque también es hereditaria. Sería la única manera de intentar regenerar una Institución. Ahora con esto de la “guerra” que se han inventado contra el COVID19 nos salen con que el Rey es  el primer soldado en esta lucha. Yo diría que está desaparecido en combate.

Todo esto se lo planteas a los vasallos y, en vez de discutirlo si es que tuviera un pase, se te tiran al cuello como único argumento. Parece que les gusta, con lo cual tenemos para rato. Y no he mencionado la herencia franquista que lleva en sus genes esta monarquía.

Para cerrar esta entrada, no quiero dejar pasar la oportunidad de mencionar el estribillo de la canción titulada “Simpático holgazán” de la banda punk de Vallecas Ska-P. Me parece que es un magnífico resumen: «El Rey, el Rey, saltando por encima de la Ley, el Rey, simpático holgazán...».


12/4/20

LA OPCIÓN ENTRE LO IMPORTANTE Y LO URGENTE

La pregunta del millón. ¿Qué es más importante? ¿Qué hacemos primero?

Cuántas veces oímos que hay que saber qué tiene prioridad: lo importante o lo urgente. Así, de entrada, estamos ante un dilema erróneo. Lo que hay que saber es distinguir qué es una cosa y qué la otra ya que, si no lo sabemos, cometemos el error de atender asuntos que pueden parecer urgentes dejando lo importante relegado.
Ambas premisas tienen su peso específico. Por ejemplo, la apelación a un Tribunal (lo importante) hay que hacerla  en un tiempo determinado (lo urgente) para que pueda prosperar. Hay cuestiones que participan con igual peso de las dos y no presentan problema. Esas hay que hacerlas ya y, si hay varias, el problema será saber ordenarlas por orden de prioridad. También hay otras que no son ni importantes ni urgentes. Serán las que deberíamos dejar para mejor ocasión o, mejor expresado, para cuando no tengamos otra cosa mejor.
La importancia es una interpretación subjetiva en función del interés que tengamos en que se realicen unos objetivos de acuerdo con nuestras metas o gustos. La urgencia puede considerarse la consecuencia negativa que acarrea no hacerlo dentro de un tiempo. El tiempo disponible marca la urgencia. Una tarea sin fecha jamás será urgente aunque sea importante.
Para calcular la urgencia de un asunto podemos hacerlo dividiendo  el tiempo que se tarda en hacer la tarea entre el tiempo que nos queda hasta la fecha límite. Si la división es superior a uno, lo siento, no tienes tiempo de cumplirla. Cuanto más cercano al cero, menos urgente es y cuanto más cercano a uno (sin pasarlo), más urgente. La comparación de dos tareas importantes con esta fórmula nos dará pistas de cual haremos antes. Pero supongo que todos nos hacemos mentalmente estos cálculos sin necesidad de llevarlo al papel.
Un error muy común es no saber distinguir y creer que todo lo urgente es importante, aunque, naturalmente peor será quienes no consideran nada ni importante ni urgente, pero a estos mejor olvidarlos.
Todo se clarifica o complica dependiendo de los matices y de las circunstancias. El secreto está en hacer cuanto antes lo importante, no posponerlo ni acumular tareas, y tener claras tus prioridades e intereses, de esta manera estaremos eliminando tareas urgentes. Quien no tenga bien definidos sus intereses no sabrá priorizar y se equivocará en la elección.
Al margen de la aplicación práctica en la vida, me parece un tema apasionante, con mucho juego. Fundamentalmente para cuando no se tiene nada importante ni urgente que decir y se empieza a especular. Lo del juego lo digo en el pleno sentido. Cuando en una discusión le dices a alguien que debería distinguir entre lo importante y lo urgente o si sabe la diferencia entre amos, lo desarmas. Le haces desviar su pensamiento del objeto de la discusión o dudar de su posición. Para mí no deja de ser una pregunta tramposa. Una formulación hueca.
Y después de dicho esto, digo que está todo inventado. La sabiduría popular hace siglos que tiene la fórmula mágica: «Primero es el deber y luego el placer». «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». «Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio». Esta última referida más a la claridad y orden de las ideas. Así de sencillo, sin tanta rimbombancia y sin necesidad de gastarte un pastón en un coaching que descubra tus fortalezas y debilidades.


14/3/20

PARALIZADOS POR EL MIEDO

Estamos metidos de lleno estos días en un problema a nivel planetario, nunca mejor dicho porque afecta o nos va a afectar a todos. El miedo ronda ante la incertidumbre. Individualmente no tenemos nada que hacer porque el «sálvese quien pueda» no funciona a no ser que nos dediquemos al saqueo, la rapiña y a defender a toda costa lo que tenemos, algo que podría valer a unos pocos y por poco tiempo. No lo digo en  broma. El miedo conduce al pánico y en este punto todo es incontrolable. En otras circunstancias se han visto acciones de este tipo como asaltos a supermercados que derivan en: me llevo un televisor de no sé cuántas pulgadas, arramplo con un cargamento de whisky de la mejor calidad o me llevo un vestido de la Fashion Week de un escaparate, maniquí incluido. Lo hemos visto por la tele. Y, si ha salido por la tele, es palabrita del Niño Jesús. El paradigma consumista y materialista está haciendo estragos. Así que evitar estas situaciones es obligación de quien manda, garantizando lo que la sociedad necesita.

No quiero hablar de coronavirus, un bichito que sospechosamente anda rondando por laboratorios y despachos (en estos de forma virtual) hace bastante tiempo. De lo que quería reflexionar es sobre el miedo. Sirve para espolear al indeciso o para paralizarlo. Patologías y fobias aparte, la diferencia depende de cómo lo gestionamos. A veces se ignora la realidad y así creemos que hemos superado los problemas. La contrapartida es que nos entregamos atados de pies y manos.

El miedo es un mecanismo de defensa para responder ante situaciones amenazantes y preservarnos de la tragedia. Es un sentimiento humano. Todos lo tenemos. Alguna vez más manifiesto que otras. Incluso hay quien vive en un permanente miedo haya o no peligro real. Cuando el peligro no es real, el miedo no cumple su función y se crea la ansiedad, nos paraliza y hace que tomemos decisiones equivocadas. Es el arma preferida de los regímenes poco democráticos o de los grupos de presión que manejan el mundo. Y así en cascada hasta llegar al último escalón de mando. Paralizados por el miedo somos presa fácil. Algunos tienen miedo a los demás, mientras que otros se temen a sí mismos. Unos a la muerte y otros a la vida; unos a la oscuridad y otros a la luz; unos a la mentira y otros a la verdad.

El miedo hace que miremos a otro lado y callemos. Cuando callamos  perdemos la capacidad de exigir y establecer límites. Perdemos la interrelación con el conjunto de la sociedad y renunciamos a la cooperación para avanzar, lo que nos hace vulnerables e inhumanos. Aldous Huxley acierta al decir que el miedo llega a expulsar al hombre de la humanidad misma. Hermann Hesse también al decir que cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros. Por eso, cuando el miedo quiebra, desaparece la dominación de quien infunde el temor y la relación se invierte. Parece, en conclusión, que hay un consenso en decir que el único antídoto contra el miedo es la esperanza que parece más fuerte, aunque Nietzsche sostiene que la esperanza es el peor de los males pues prolonga el sufrimiento humano. Supongo que se refiere a que pensar en un futuro mejor te impide analizar la realidad a la hora de tomar decisiones. Yo no se lo voy a discutir, pero creo que se podría hacer una síntesis entre lo uno y lo otro.

Entre tanto habrá que aceptar las restricciones impuestas con resignación y con la esperanza —nunca más deseada porque no nos queda otra— de que pare la pesadilla.



14/2/20

UNA FOTO DE PERFIL



Cuanto oigo hablar de perfiles no puedo evitar pensar en una empresa emblemática de mi localidad, “Perfil en frío”, que se dedica, como ya se habrá adivinado, a fabricar perfiles de acero para la industria. Cierto es que perfiles son eso y más cosas, por ejemplo una foto de alguien tomada de lado, la postura que deja ver una mitad de un cuerpo. También es el conjunto de rasgos peculiares que caracterizan a un individuo. Hace tiempo que los perfiles se refieren casi en exclusiva a esta última acepción: a una información amplia sobre cómo es una persona o el modelo que queremos parecer.

El perfil es un breve resumen de información relevante: cómo eres, tus capacidades, cualificaciones, habilidades, competencias, experiencia, gustos, aficiones, fortalezas y demás méritos que te avalan y justifican la idoneidad para un determinado puesto. En la práctica, se tiende a corregir lo malo y aumentar lo positivo. Adornar, si no directamente inventar y mentir. De esto tengo experiencia, no por haberlo practicado sino por haberlo constatado. Pero, por si acaso, siempre quedará la carga de la prueba.

Los perfiles —me refiero ahora a los de foto— engañan igualmente porque se adivina que hay algo que no se muestra. Como la cara oculta de la Luna. Insinúan otra forma de ser distinta a la mostrada, como el yin y el yang que nos refiere la dualidad de todo cuanto existe en el universo. Lo opuesto y lo complementario.

El otro día contactó conmigo un conocido circunstancial y en su WhatsApp enviaba foto. Era una instantánea muy estudiada y cuidada. Tan estudiada que parecía falsa o, al menos, nada natural. Para empezar la foto estaba de perfil. Literal. Tal vez lo del perfil se lo tomó al pie de la letra y lo petó. En este sentido no hay nada que reprocharle aunque, ya puestos a desvelar el careto propio, me gustan más las fotos de frente donde dices «así soy, dando la cara». Otros mandan la foto de su mascota, lo cual considero un agravio. Lo tomo como «habla con mi perro». Algo mejor es la foto de cualquier objeto inanimado, como es mi caso, que da más pistas sobre la personalidad y los gustos del poseedor. Incluso pueden ser más divertidas.

Habría que admitir que cuando se dice «perfil» nos referimos a todo eso que menciono: currículo, aficiones, conocimientos, entre otros aspectos y que la foto forma una parte más de ese conjunto de información. Si se quiere tener una foto de perfil como elemento aislado, deberíamos presentar nuestro lado bueno o malo, pero solo uno y siempre el careto. Creo que estamos ante una confusión de conceptos. Cuando en nuestro teléfono o Email añadimos una foto se debería decir «la foto del perfil» y no la «foto de perfil». Así que el conocido del WhatsApp lo ha clavado. 




27/12/19

FÚTBOL ES FÚTBOL

Es muy posible que el comentario de esta entrada esté influenciado por mi aversión a los deportes de contacto, donde contacto viene a significar que está permitido el juego marrullero o directamente la agresión flagrante  al contrario.

El fútbol es una desmesura que levanta pasiones, amores hasta el delirio y odios imperecederos. También engendra un tipo de violencia incontrolada, irracional y gratuita que muestra lo peor del género humano y que no se da en otros deportes, lo cual no es normal. La violencia física probablemente no esté tan generalizada, pero de la verbal no puedo decir lo mismo. Algo falla ahí o a alguien le interesa que así sea.

El fútbol hace tiempo que dejó de ser un deporte de nobleza y hoy es un espectáculo pensado primordialmente para hacer negocio y para amansar a una caterva adocenada. Esta idea ya la practicaban los romanos con el “pan y circo”. Está todo inventado. El pueblo se siente feliz cuando se junta en masa y grita. No importa el significado de sus gritos, lo importante es que forma parte de algo poderoso y eso le engrandece. Le parece que lo saca de su insignificancia y, al hacerlo así, cualquier causa le parece justa. Cuando meten un gol —¡un simple gol!— se desata la locura. Los gladiadores —digo, los futbolistas— lo celebran corriendo como posesos y con escenificaciones más propias del Club de la Comedia. Las gradas —una multitud vocinglera— salta enloquecida. Lo más parecido al circo romano. Admito que hay un sector numeroso, entre los que cuento con varios amigos, que disfruta sin necesidad de vociferar y menos de insultar y que cuando gana el equipo la satisfacción es inmensa. Se abrazan e incluso se besan, me dicen. Me pregunto si los hooligans enfervorecidos  disfrutan viendo fútbol independientemente del resultado o solo cuando gana su equipo.

Y ¿qué pasa con los protagonistas principales de este espectáculo? Pues que hay de todo: magníficos profesionales, discretos, incluso con interés por la cultura, etc., pero quienes más destacan no suelen estar entre estos últimos. Su riqueza oratoria suele dejar bastante que desear. Diría que viven por encima de sus posibilidades y no me refiero a las económicas, que de eso andan sobrados, sino a las intelectuales. Admito que no son todos iguales. Lo sé, pero no veo a un “lumbreras” de este mundillo en una rueda de prensa después de un partido diciendo, por ejemplo en qué reside la fuerza estética y el valor de los contenidos de su trabajo. Reconozco que no están ahí para hacer poesía, pero si se ponen delante de un micrófono habría que exigirles un mínimo de vergüenza torera y unas clases de dicción.

Ahí van unas cuantas perlas que corroboran el nivel intelectual de sus autores y, de paso, hago esta entrada un poco más amena:
—Perdimos porque no ganamos.
—Hemos perdido porque el valón se empeñó en no entrar.
—A veces en el fútbol tienes que marcar goles.
—Ese balón, si llega a entrar, es gol.
—El rival también juega.
—El equipo juega igual conmino que sinmigo.
—Me quedó un sinsabor amargo.
—Estoy confiado. Nunca he perdido en ese campo. Nunca he jugado ahí.
—No me importaría perder todos los partidos siempre y cuando ganemos la liga.
—Aspiramos a ganar la liga. Cosas peores se han visto, así que no vamos a tirar los brazos y dejar la toalla.
—Debimos haber tenido un 99 por ciento del partido, pero fue ese otro 3 por ciento el que nos costó.
—Ganar no es lo importante, siempre y cuando ganes.
—Cuando el equipo anda bien, no anda mal y viceversa.
—Solo hay una posibilidad: victoria, empate o derrota.
—¿Los árbitros? Unos nos perjudican y hay otros que también.
—Estoy tan feliz como uno puede estar, pero he estado más feliz.
—¿A qué iría a Austria fuera de la Eurocopa? A ver canguros.
—Vi al portero adelantado y se la tiré por arriba, fue un gol de odontología.
—A medida que uno va ganando cosas se hamburguesa.
—Me siento muy bien físicamente, entre otras cosas gracias a la dieta del nutricionista basada en hidrocarburos.

Es difícil escoger la mejor frase, pero yo me quedo con esta:
—El fútbol es como el ajedrez pero sin dados. ¡¿?!

Tengo que reconocer que tanta elocuencia me desborda. Algunas frases, solo algunas, tienen una textura elegante y, en definitiva, en eso consiste el estilo en el arte literario, aunque luego no haya por dónde cogerlas.


Volviendo al principio, veo difícil reconducir la situación para que, como dice el título de esta entrada, se cumpla que fútbol es fútbol. Entre tanto los demás nos dedicaremos a jugar al ajedrez o a los dados y pensaremos que estamos marcando goles.

28/11/19

LA CIUDAD NO ES PARA MÍ


Hay ocasiones en las que se reciben noticias y estas son agradables. Muy agradables. No es lo habitual en el mundillo de los certámenes literarios donde se presentan tropecientos mil relatos. Lo habitual es que te quedes como el título del libro de Eduardo Mendoza «Sin noticias de Gurb» en algunos casos, o que recibas acuse de recibo y agradecimiento, algo que debería ser siempre y en todo caso.

Pues resulta que los relatos tienen ganador y tienen premio y eso es lo que me ha pasado a mí. Una llamada del Ayuntamiento organizador del concurso para darme la estupenda noticia, confirmada posteriormente por Email. Había que acudir en persona a presentar el trabajo y recibir el premio, algo que hice con sumo placer.

El título de la obra es “La ciudad no es para mí”. Un guiño a la película homónima de Paco Martínez Soria. Como es de suponer cuenta las andanzas por la ciudad en una tarde loca de un chaval pegado a su entorno.

Tengo que decir que la historia narrada presentada a concurso termina cuando, esa tarde, vuelve al pueblo. En el relato que publico en este blog he añadido una segunda parte, tal era la carrerilla que cogí al escribir, pero las bases del concurso no permitían tanta extensión, por lo que, muy a mi pesar, tuve que suprimirla.

El relato se puede leer pinchando en la pestaña superior Relatos breves o pinchando aquí.

16/11/19

LA MISERIA DE LA POLÍTICA



Como dijo George Bernard Shaw, Premio Nobel de Literatura: “los políticos y los pañales hay que cambiarlos con frecuencia y por los mismos motivos”.
Hay gobernantes que se perpetúan en el poder a golpe de dictadura, otros ganando elecciones consecutivas. El mismo efecto con métodos opuestos, por eso la forma de sanear esta anomalía importa. Lo que está justificado en un caso, no lo está en otro. Al demócrata se le vence en las urnas, al dictador se le desbanca del poder contraviniendo sus leyes injustas. Viene esto a cuento de dos casos de actualidad. La exhumación de la momia de Franco y el golpe de estado contra Evo Morales.
De Evo, hasta donde yo conozco, me gustaba su política progresista en favor de las clases desfavorecidas y el desarrollo cuantitativo y cualitativo del país. Lo que me molestaba era su apego al poder aunque haya sido ganando repetidas elecciones y con una noble causa. Pero lo que me parece terrible es que se haya visto obligado a dejar el poder y el país por un golpe de estado interno auspiciado y dirigido por los Estados Unidos, como siempre han hecho con casi todos los países de América y lo hacen en cualquier parte del mundo allí donde ven negocio. Miseria política y política criminal.
Con la exhumación de Franco, el Gobierno Español en funciones ha jugado la baza propagandista para sacar rédito electoral después de negarse a formar un gobierno de coalición y repetir elecciones. Lo que ha conseguido es resucitar al dictador y genocida en forma de palabra (Vox) y tener que firmar un acuerdo en un día con quien ha aborrecido insistentemente. Más miseria no se puede dar.
Y, a propósito del decálogo firmado por el PSOE y PODEMOS para la formación de gobierno de coalición, me parece oportuno comentarlo. Doy por sentado que es una declaración de intenciones que habrá que desarrollar, lo cual está sujeto a la interpretación al alza o a la baja. Cinco de los puntos podría suscribirlos cualquier grupo político del arco parlamentario por obvios: 1º Consolidar el crecimiento y la creación de empleo digno. 2º Trabajar en la lucha contra la corrupción. 3º Lucha contra el cambio climático. 4º Fortalecer la industria, facilitar la creación de riqueza. 10º Justicia fiscal y control del gasto público.

Otros cuatro me parecen más interesantes por su novedad: 5º Aprobación de derechos como una muerte digna, la eutanasia (hablé de esto en un post del 26/09/14 que se puede leer pinchando aquí) y la salvaguarda de la diversidad (LGTBI por ejemplo). 6º Asegurar la cultura como derecho y el deporte como garantía de salud. 7º Políticas feministas y contra la violencia machista. 8º Revertir la despoblación del país. Este suena bien pero dudo de que tenga eficacia. Lo que los habitantes rurales necesitan: educación, sanidad, trabajo, transportes, comunicaciones, ocio, etc. no está al alcance de la economía del país: Queda el punto 9º que merece espacio aparte: Garantizar la convivencia en Cataluña y la normalización de la vida política. Fomentar el diálogo buscando fórmulas de entendimiento dentro de la Constitución…Garantizar la igualdad de todos los españoles. Por lo menos reconocen implícitamente que hay un grave problema al que hay que enfrentarse. Pero, ojo, no como decía Machado que “en España de cada diez cabezas nueve envisten y una piensa”.
Seamos sinceros, esto es un imposible. No se contempla otra alternativa que la convivencia. Si los catalanes quisieran ser independientes deberían hacerlo mediante un referéndum, pero se lo impide una Constitución que parece más sagrada que los mandamientos de Dios. Si se pretende garantizar la convivencia, me gustaría saber cómo. Con represión o con votación. La clave está en garantizar el derecho de autodeterminación que garantiza el Art. 5 de la Declaración Universal de Derechos de los Pueblos, se vaya a ejercer posteriormente o no. Si no hay este derecho todo es una filfa. No voy a insistir en esto. Me remito al post que publiqué el 30/12/17 que se puede leer pinchando aquí. Respecto a “garantizar la igualdad entre todos los españoles”, lo veo harto difícil. Como lo anterior o más. Tal vez como formulación teórica o como legitimación de derechos puede valer, pero este derecho ya viene garantizado por cualquier ley. Las leyes, bien sean garantistas de derechos, restrictivas,  punitivas o reguladoras, son para todos (erga omnes que se dice en el argot). Tal vez esta igualdad a la que hace referencia este punto se puede referir —me temo— a lo que se llama “café para todos”, pero, en cuestión de gustos cafeteros la variación es enorme: solo, cortado, con leche, descafeinado, expreso, de puchero, con azúcar, con sacarina o, incluso, un carajillo. A otros ni siquiera les gusta el café.