24/7/15

HO CHI MINH

En mi anterior entrada  he descrito a Vietnam como un país amable, con un desarrollo económico espectacular, lo cual no deja de ser cierto, pero esta rápida transformación trae secuelas indeseadas.

No todo lo que pasa en Vietnam es maravilloso. Se está occidentalizando a pasos agigantados y está adquiriendo nuestros peores vicios mientras abandona sus mejores virtudes. Aunque, claro, ellos son libres de elegir su camino y su destino y nosotros no somos quien para pretender que se conserven inmaculados en sus tradiciones ancestrales para solaz de visitantes, que somos precisamente quienes les transmitimos, por ejemplo, esa forma de comer, de vestir o de divertirse. Así su magnífica cocina está dando paso a la comida basura tipo hamburguesa. Incluso parece que ahora se lleva que el hijo varón sea gordito. O que les guste hablar inglés o divertirse en el karaoke.

Las jornadas de trabajo son interminables e insuficientemente remuneradas y la cobertura social escasa. Al menos pueden recurrir a la medicina tradicional y, si continúan  con la dieta vietnamita, estarán sanos, delgados y fibrosos, aunque continúen con talla baja.

Están orgullosos de las tres cosechas de arroz anuales que obtienen de sus ricas tierras, aunque, a decir de sus vecinos camboyanos -quienes sólo obtienen una al año- esto hace que las agosten. A mí me suena que puede haber más envidia que realidad, ya que parece que se arreglan con sus vecinos para ir dejándolas un tiempo en barbecho.

La polución atmosférica es la gran asignatura pendiente de países emergentes como este. Quizás esto explique las mascarillas con las que es habitual verles andando o en moto. Aunque son mayoritariamente las mujeres quienes hacen uso de este complemento, por lo que parece que no es tanto por resguardarse de la polución como de los rayos solares, ya que tienen un canon de belleza donde la mujer tiene que ser de tez blanca.

Son unos excelentes imitadores de marcas de moda tanto para consumo interno como para la exportación y a unos precios a los que no te puedes resistir. Paralelamente, las auténticas marcas se han establecido en el territorio con precios occidentales prohibitivos para los salarios de la inmensa mayoría. La telefonía móvil ha sido un motor dinamizador de la economía. Desconozco sus precios ni si se trata también de clones, pero lo cierto es que su uso es generalizado y la dependencia la misma que en cualquier otra parte.
  
Así que, además de un país magnífico, un avance económico rápido, una riqueza natural envidiable, gente laboriosa, población joven y todo lo que ya comenté en mi anterior entrada, tenemos mujeres pálidas y hombres gordos; polución a gran escala y tierras agostadas; mucho trabajo y poca protección social; muchas motos y muchos teléfonos; políticamente comunistas y con economía de mercado orientada al socialismo.

En definitiva, un país que hay que visitar y repetir visita si se puede.

La foto que se ve pinchando en la pestaña superior Imágenes es la estatua de Ho Chi Minh mirando los modernos edificios de su capital. Me evoca la imagen si Ho estaría satisfecho con los resultados de su revolución y este es el futuro que pretendía para su pueblo de hacer un Vietnam pacífico, unificado, independiente, democrático y próspero.




19/7/15

VIETNAM

No era mi intención pero ha pasado más de medio año desde que publiqué la última foto en este blog. Así que con gusto me voy de Marrakech donde la imagen se ha quedado seis meses fija y me traslado a Vietnam.

País este admirable y fascinante que no va a defraudar a quienes lo visiten ya que supera las expectativas por mucho que te lo cuenten. Lleno de contrastes, conserva lo mejor de sus tradiciones y, a su vez, se sabe adaptar rápidamente a lo más moderno de una sociedad avanzada. Todo ello hace que te entusiasmes desde el primer momento.

Las bicicletas, que eran el medio de transporte en el siglo pasado, han dado paso a las motos. Su capital Ho Chi Minh –nombre que algunos siguen llamándole Saigón como antiguamente-  con unos diez millones de habitantes, tiene pululando continuamente por sus calles cinco millones de motos  en un ordenado caos de circulación donde cruzar una calle no es apto para timoratos.

Sorprende que no odien a los norteamericanos –fantoches yanquis dicen aun en las explicaciones de lo que pasó- quienes les abrasaron con napalm y agente naranja hasta destrozar sus cosechas, sus bosques y dejar más de dos millones de personas con malformaciones. Tal vez la explicación está en que sienten el orgullo de haber ganado una guerra al todopoderoso EE.UU.

Llama la atención también que, pese a ser un país comunista, conserva creencias y prácticas religiosas muy arraigadas y eso se nota a simple vista por las calles, los templos y pagodas y también en los arrozales con los enterramientos.

No tienen ningún reparo en comer en cualquier sitio y a cualquier hora. Verlos en sus comercios o la calle con sus cuencos y sus palillos es lo más habitual.

Por último y quizás lo más importante, quiero destacar la amabilidad y simpatía de sus gentes. La confianza que transmiten que hace que a cualquier hora y en cualquier lugar sientas que puedes pasear con la tranquilidad de que lo puedes hacer con absoluta seguridad.

La foto representa para mí lo mejor de la tradición del país. El típico sombrero cónico hecho de palma y los cestillos a modo de balanza hecha de bambú donde transportan todo tipo de mercancías.


Se puede ver pinchando en la pestaña superior Imágenes.

3/7/15

RELIGION. REFUGIO Y EXCUSA

Qué temazo este que unos aborrecen, otros se entregan incondicionalmente a la causa y otros –cada día más- se muestran absolutamente indiferentes.

Parece que a medida que los países se desarrollan cultural y económicamente, se pierde la importancia que se le da, pero justamente se observa cómo otros radicalizan sus postulados y juntan política, economía, religión, leyes y modus vivendi en una amalgama peligrosa y difícil de digerir bien. 

Así, en principio, parece que la religión es una búsqueda de sentido a la vida, de trascendencia, un camino interior de crecimiento, una necesidad de seguridad y de autoafirmación. Pero la historia nos viene demostrando que impera el dogmatismo, la intolerancia, el fanatismo y la imposición a los demás.

Lo atractivo de las religiones es que aparentemente soluciona aquello que la gente teme. Sus incertidumbres, sus inseguridades y sus amenazas.

Yo he llegado a la conclusión de que es inútil convencer a nadie de que sus creencias pueden estar equivocadas o que, en muchos casos, pueden resultar ridículas como es el caso de Ganesha que tiene cabeza de elefante porque su padre que era dios se la puso en sustitución a la que le había cortado. Por poner un ejemplo de una de las religiones más numerosas. O los relatos fantasticulares de la Biblia que hay que tener mucha fe para asimilarlos tal cual vienen. Al margen de la violencia, xenofobia, y racismo que destila. Pero aunque no se pueda convencer, ejercicio que debe hacer cada cual, no obsta para que se pueda opinar.

Hay religiones de un solo dios y otras tienen multitud. Unos se han ido copiando a otros en un afán de modernizar creencias. Como El Padre, Hijo y Espíritu Santo que es un tres en uno y que me recuerdan a la trilogía de Shiva, Visnú y Brahma. En algún viaje por países fuera de mi entorno con creencias religiosas arraigadas se observan por doquier estas creencias fantasiosas que llaman la atención por su vistosidad, pero que igualmente las vemos en nuestro entorno. No hay más que observar las plegarias, procesiones, ritos y demás parafernalia de la fe cristiana. Recientemente he descubierto que se puede ser budista y ateo, budista y creer en los dioses, que éstos pueden ser uno, tres o multitud, que los dioses existen o no, que existe un sólo buda llamado Siddhartha o varios. Todo ello a gusto de cada cual. Unos están convencidos de la resurrección de los cuerpos y almas, otros de la reencarnación en persona animal o cosa. Finalmente para completar la confusión, me decía un vietnamita que el budismo se practica y a los dioses se les reza.

Quien cree lo hace de manera ciega. Fe es creer lo que no vimos y lo que nos cuentan y, además, la fe se obtiene –dicen- por un don divino, con lo que has de esperar a ser tocado  por la gracia de Dios. Este es el gran axioma que como tal es indemostrable y en el que se basa toda la teología. Y contra eso no hay nada que hacer. Principios, normas, ritos, jerarquía –muy importante ésta- son la verdad revelada, por tanto inmutables y si son así, son incuestionables. Está escrito en el Talmud, en la Biblia, en el Corán y en cuantos textos sagrados nos presenten. El problema es que todas se creen la auténtica y verdadera. Así que Dios más que un SER parece ser una creencia que sirve para una cosa y para lo contrario.

No todo va a ser malo. Admiro especialmente a esas personas religiosas de espíritu inquieto y corazón compasivo que, envueltas en sus creencias, durante toda su vida dan ejemplo de solidaridad y entrega a los demás. La duda es si lo hacen por convencimiento religioso o lo harían sin él. Es decir, si la cooperación solidaria la hacen las personas por ser buenas personas independientemente de sus creencias, la hacen por un precepto religioso o por la recompensa eterna.

Hay algo que me molesta especialmente de las religiones. Es su afán de proselitismo. Parece que es algo  consustancial. Lo han hecho siempre y lo siguen haciendo. No basta con vivirla intensamente e interrelacionarse con los suyos. Tienen el mandato de extenderla por el mundo, predicar su evangelio y convertir al infiel y, en algunos casos, matarlo si no se deja.

Todavía estamos en una realidad donde la aconfesionalidad de los estados es más formal que real y no digamos de las costumbres y del lenguaje de las personas. Un bagaje histórico que nos acompañará durante mucho tiempo.