26/9/14

EUTANASIA

En la Declaración Universal de Derechos Humanos falta el derecho a la eutanasia. Son palabras de Fernando Chivite, escritor, columnista de prensa y logopeda.

No puedo estar más de acuerdo tanto con su reclamación como con su preocupación por el final de la vida. Aunque, tal vez, este derecho ya este contemplado en el artículo 3 de la propia Declaración que proclama el derecho de todo individuo a la vida y a la libertad. Cuestión interpretativa.

Si es un derecho a tu vida, debe suponer que nadie te la quite y debería ser también que tú decidas sobre ella. Derecho individual  y libre si deseas o no continuarla. Decisión íntima y personal tomada desde tu propia libertad.

No se trata de regular lo que se denominan voluntades anticipadas que disponen los últimos momentos de tu vida, sino de decidir el momento independientemente de tu estado físico o mental y sin presiones provenientes principalmente del pensamiento religioso. En algunos países está parcialmente legislado y lo previsible es que paulatinamente se vaya implantando en otros a medida que los ciudadanos lo demanden y se debata con normalidad quitando la carga de tabú que arrastra.

La muerte es la mayor faena que te hace la vida. El mayor ejercicio de libertad personal al que nadie debería poner pegas es que debería depender de nuestra voluntad y que no sea cuando ella u otros quieran. Cada uno debería establecer cuándo su vida no tiene calidad y hasta dónde quiere llegar.

La calidad de vida supone tener un nivel de bienestar suficiente para que sea satisfactoria. Todo muy subjetivo. Nuestro instinto de supervivencia hará que nos vayamos adaptando a los cambios, que indefectiblemente suponen una merma de nuestras facultades.Supongo que el listón de exigencia lo iremos bajando a medida que nuestras dependencias vayan subiendo y, lo que hoy nos parece inaceptable, a medida en que vayamos asumiendo nuestras limitaciones y dependencias, le iremos encontrando acomodo.

Cuando tu vida no te interesa nada, cuando no tienes objetivos ni alicientes, cuando no estás supeditado por condicionantes familiares o sociales, cuando tienes poco que aportar, cuando pierdes el control de tu vida, es entonces cuando ya no te queda nada que justifique tu continuidad.

El control de tu vida se pierde cuando no controlas qué comes, cómo te vistes, a qué hora te acuestas, en qué te distraes, con quién sales, dónde vives.  Cuando todo esto ocurre, de ti no queda nada, solo el recuerdo de lo que fuiste.

Resulta penoso arrastrarse por la vida con la certeza de que no se va a producir una mejora y molestando a otros -generalmente allegados- condicionando su vida. Es muy triste que tomen decisiones por ti y más en contra de tu voluntad.

Lo que de la muerte asusta no es ella en sí, sino el antes. Por eso me gustaría pasar del in al out como quien aprieta el botón de apagado de su ordenador. 

19/9/14

SOL EN CLAVE ALTA

Existe una técnica fotográfica denominada clave alta. Sus características son el predominio de blancos, el reducido contraste y la ausencia de sombras.

Desde hace tiempo quería emplear esta forma distinta de hacer una foto y me he decidido a hacerlo en el concurso de fotografía al que acudo asiduamente y que, para variar, esta vez no es mensual y en un alarde de originalidad e imaginación repiten el mismo tema del año pasado: Verano.

Esta técnica no tiene nada que ver con la clave de sol de la música, pero quizás la foto que presento sí guarda cierta semejanza y las relaciona. Ya se entiende: verano-sol-girasol-clave de sol-clave alta. Cosas mías.

Para ver la foto basta con pinchar en el cuadro superior Imágenes.



12/9/14

SUICIDIO

Cada treinta segundos una persona se quita la vida. Eso supone más de un millón al año, número que supera con creces a todas las víctimas juntas de homicidios, guerras y desastres naturales. Si añadimos las intentonas fallidas, las cifras se disparan pues se calcula que por cada uno que se consuma veinte fracasan en el intento. Y el número de quienes en un momento u otro de su vida se lo han planteado alguna vez, desborda con creces cualquier cálculo.

Demasiadas muertes y demasiados intentos, lo cual es un indicativo de que algo va mal. Hastío de la vida, máxima insatisfacción, frustración, problemas insuperables a los que no se sabe cómo enfrentar, balance negativo ante lo que ofrece la vida, desesperación. Múltiples causas que vencen a nuestro instinto de supervivencia y a nuestras capacidades.

En más de treinta y cinco países las leyes prohíben o penalizan este acto, lo cuan no deja de ser una paradoja. Si el resultado ha sido exitoso desde el punto de vista de los propósitos del suicida, el problema lo trasmites a tus deudos con la herencia, pero si se fracasa queda la sanción legal añadida a la frustración que te ha producido.

Estas muertes tienden a ocultarse a la opinión pública por cuanto ejercen un efecto de contagio ya que quien esté pensando en hacerlo, se identifica con el problema y encuentra la aparente solución.

Las causas evidentemente son variadas. Lo más probable es que en la mayoría de los casos se presenten  desórdenes  bien mentales, físicos, de entorno o económicos. Pero no es así en todos los casos. Si bien es cierto que en la adolescencia y juventud se producen gran cantidad de suicidios, el mayor porcentaje se produce a partir de los sesenta y cinco años, con lo cual el diagnóstico de trastorno quiebra. Se puede llegar al convencimiento meditado de querer hacerlo por propia voluntad al margen de condicionantes externos.

Algunas sociedades, tanto de la antigüedad como actuales, han ensalzado la figura de quien entrega su vida por el bien de la familia, de la comunidad, de los ideales o de la patria, pero el resultado viene a ser el mismo. Dar la vida por algo o por alguien no deja de ser un suicidio de la persona que lo hace, independientemente de su carácter altruista, de su abnegada entrega y generosidad, etc., etc. Sabe que va a morir y su muerte es igual de efectiva si lo hace él mismo o se lo hacen.

Decía Séneca –que acabó su vida suicidándose- que era el último acto de una persona libre.

Y aquí es donde yo quería llegar. Porque todo esto ha sido el preámbulo para el post que desarrollaré otro día y al que cambiaré el nombre de suicidio por el de eutanasia.