7/1/11

EL TABACO COMO CORTINA DE HUMO

Con la Ley antitabaco nos encontramos con un asunto de libro, nunca mejor dicho. Para ser mas precisos, del libro de Noam Chomsky sobre las 10 estrategias de la manipulación mediática.

La primera es la de la distracción. Consiste en desviar la atención del público de los temas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.

Esta Ley pilla en el momento oportuno. No se habla de otra cosa. Así es que, ya metidos en el tema, me lanzo a dar mi opinión.

Algunos dicen que, puestos a prohibir, que se haga totalmente. Yo pienso lo contrario. Cada uno es muy libre de maltratar su cuerpo como quiera. Además crearíamos un mercado mego peligroso y descontrolado. Lo que hay que prohibir, y es lo que esta Ley persigue, es molestar a los demás. Quien quiera puede fumar, pero no lo puede hacer en cualquier circunstancia y lugar, que es el ´derecho` que algunos fumadores esgrimen, añadiendo que ir a los bares es voluntario. Hoy en día ya nadie se cuestiona fumar en un hospital, en un aula, en una iglesia o en el cine. Pues fumar en un bar es exactamente igual. Tan voluntario es ir a un sitio como a otro. Tan público uno como otro. ¿Qué cambia?: que ya nos hemos acostumbrado. Porque las molestias son las mismas en un sitio o en otro. Si no, los no fumadores no podríamos salir de casa. Los que reivindican la libertad de fumar en un bar, se deberían imaginar qué les parecería que alguien les tocara una vuvuzela en la oreja durante el tiempo que dura un pitillo; o que se mearan en su calle, permítaseme lo escatológico del ejemplo, o en su piscina acogiéndose al mismo derecho de libertad de ellos y con el mismo argumento de que se pueden ir a otro bar, otra calle o a otra piscina si les molesta.

Dejaría el tabaco como droga legal y legalizaría las demás. Prohibiría terminantemente añadir aditivos en la elaboración del tabaco, especialmente los que crean adicción. Implementaría a una fuerte campaña de concienciación de que las drogas matan o, al menos, son perjudiciales para la salud. Todo ello con vistas a su erradicación total. El estado seguiría recaudando impuestos, que falta le hace (en parte para atender a los enfermos por esta causa) y, después de un tiempo, estas medidas ahorrarían en gasto sanitario y seguramente crearía puestos de trabajo y/o aumentaría la productividad. Y ya de paso, desaparecería el lamentable espectáculo que ofrecen algunos fumando compulsivamente a las puertas de los trabajos.

Y volviendo al principio, me imagino a alguien contemplando las volutas de humo de su puro habano, con una sonrisa socarrona, mientras pertrecha la siguiente fechoría para seguir distrayendo al personal..