3/7/18

MI VECINA TRAJINA

Al despertar me gustaría asomarme a la ventana y contemplar el horizonte inmenso o, siendo un poco menos pretencioso, me conformaría con un  modesto parque con sus arbolitos y sus parterres. Pero no es así, qué le voy a hacer. Lo que llevo viendo hace unos cuantos años (y tiene pinta de que va a durar) es un patio interior. Bien cerradito pero, eso sí, lo suficientemente amplio como para que permita conservar cierta intimidad y no se entere el vecino de la conversación que estás teniendo en la cocina, siempre, naturalmente, que no lo hagas a voz en grito. La otra parte de la casa da a una calle más o menos tranquila pero con más juego para el comentario.

Volviendo a la actividad del patio, no me produce mayor atractivo saber lo que sufre o goza el vecindario, ya que ni el cotilleo ni el voyerismo tengo entre mis defectos o aficiones, hasta donde yo sé, pero uno a veces inopinadamente se fija en los detalles. En mi caso es la vecina de enfrente la que acapara mi interés. No lo que hace de ventana hacia adentro, sino hacia fuera. Lo suyo es un no parar y es que, esa ventana rara vez la encuentras sin ropa tendida. Esto me recuerda el dicho de: hay ropa tendida que advierte al interlocutor para que no comente ciertas cosas ya que hay niños y no conviene que las escuchen.

Así que en esa casa hay niños. Se nota en la ropa y hay una mujer tendiendo y luego quitando enormes coladas bien oreadas y secas. No voy a hacer un estudio sociológico, pero podría dar una aproximación a tenor de la frecuencia de lavado, de la calidad del tejido, del gusto, de la edad de los usuarios, etc. Simplemente me he limitado a sacar unas fotos. Son doce. Podría pegarme el pegote y decir que cada una corresponde a un mes del año, pero la realidad es que las he sacado  en un par de semanas sin estar muy atento, lo que demuestra la capacidad de trabajo de la susodicha vecina.

He realizado una composición con las doce fotos. Se puede ven pinchando aquí o en la pestaña superior IMÁGENES. Están ordenadas cronológicamente. No tienen nada especial. Únicamente me llamó la atención la última foto de la primera línea y la primera de la siguiente donde se ve que, mientras la vecina que nos ocupa ha cambiado la colada, la vecina de abajo mantiene la suya tal cual. Para la última foto me he permitido esperar a que se asomara la protagonista. Me he sentido un poco voyeur, pero me ha dado la oportunidad de conocer su aspecto.

En otra ocasión hablaré sobre las vistas que ofrece el otro lado de la casa donde, a modo de anticipo, puse una foto en este blog allá por navidades.