10/7/21

RUINAS, NATURALEZA Y ARTE URBANO

 

De unos años aquí se ha puesto de moda entre los artistas, y/o amantes de la fotografía plasmar edificios, lugares, maquinaria, etc. abandonados. Naturalmente, como a todo, se le ha puesto nombre. Es la Exploración Urbana o urbex.

Para ver la belleza en sitios urbanos abandonados o en zonas degradadas, no hace falta irse a Chernóbil, bucear por el Titanic o viajar a Siria en busca de la destrucción de la guerra. Cierto que estas fotos son las que más impactan visualmente tal vez porque llevan aparejado cierto riesgo, pero a nada que miremos, las tenemos a la vuelta de la esquina. Son lugares donde el tiempo parece haberse parado o vuelto loco. La mezcla de degradación y naturaleza dan una sensación atrayente y misteriosa.

Las ruinas son la acción del reciclaje natural de edificios, parques, o industrias abandonados que se convierten en ruinas yermas, eriales baldíos. O quizás no tanto. Son testigos mudos y fuente de conocimiento de un pasado, hogar secreto de urbanitas, humanos unos que hacen de estos lugares morada y vida, otros esporádicos para plasmar en los muros su arte y otras especies no humanas, salvajes, que han encontrado un remanso de paz al margen de un urbanismo que los desplaza.

También son belleza, sin duda. Las ruinas nos fascinan. Incluso, a veces preferimos el monumento desintegrado al monumento bien preservado. Los muros resquebrajados propagan el espíritu que una vez anidó ahí y que se resiste a abandonar. Dentro de estas mal llamadas ruinas hay enciclopedias vivas de gozos y pesares, muchas historias de intrigas y amores, de escándalos y éxitos dispuestos a contarse.

Por lo general estos espacios baldíos están, o llegará el momento en el que estarán, en proceso de transformación y producirán lo que se ha venido en llamar gentrificación ya que se hacen con visión utilitarista o mercantilista. Lo acapararán las constructoras y crearán colmenas humanas. La ciudad se come la naturaleza y esta se vengará y, cuando toque, reclamará lo que es suyo.

Algunas fotos tengo archivadas con estos motivos. Sin hacer mucha selección he escogido siete para formar el collage que se puede ver pinchando AQUÍ o en la pestaña superior IMÁGENES.

 

5 comentarios:

  1. Hola, Isan. Pues a mí también me gusta mucho toparme con esos monumentos abandonados. Sobre todo de niño. En mi pueblo había un sanatorio abandonado, del que ahora casi no queda nada, donde íbamos cada dos por tres a adentrarnos por sus ruinas. Encontrábamos periódicos de más de cincuenta años y cosas por el estilo. (Una noche dejamos una grabadora a ver qué pasaba, jajaja). También hay molinos antiguos y derruidos y un sinfín de masías a abandonadas con una solera inmensa. Inspeccionar esos páramos me gusta mucho, imaginar cómo era la vida en su momento, qué utilidad tenía cada habitáculo... Y con todo, ver la acción de la naturaleza una vez abandonado. Es algo casi poético, lleno de añoranza, aunque nunca haya visto sus momentos de esplendor.
    Por cierto, qué fotos más bonitas, ahí en el norte tenéis de todo, sois muy afortunados.
    Un abrazo y buen veranito!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes razón, meterte en estos sitios de niño es lo más, la mayor aventura y la mayor transgresión. Yo sigo haciéndolo, ahora con otro objetivo. Cosas bonitas y en abundancia hay aquí, pero también hay en todas partes.
      Para sacar las fotos no me he desplazado mucho, algunas a pie, menos la de el andén de estación que es en Canfranc, en la mítica estación de tren donde se rodó parte de la película "El Doctor Zhivago".
      Buen verano y buena venta de tu libro.

      Eliminar
  2. Mesedez, lehen, zu irakurri nire mezua. Eskerrik asko.

    ResponderEliminar