3/4/15

LA INDEPENDENCIA DE LOS PUEBLOS

Los estados y naciones de tradición imperialista compensan su insuficiencia intelectual -prefiero pensar que es esto y no un espíritu miserable-  con un exceso de arrogancia y exigen de los pueblos sometidos un continuo acto de sumisión. Es decir, estos colectivos no solo no pueden protestar, sino que tienen que estar en un permanente acto de gratitud y sometidos a unas leyes impuestas por el rodillo de una mayoría ajena a sus intereses. 

La Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos dice que todo pueblo tiene el derecho a existir, al respeto a su identidad. Derecho imprescindible e inalienable a la autodeterminación. Este declaración es alevosamente ignorada, como lo esla Declaración Universal de Derechos Humanos y como cualquier otra solemne declaración que todos firman pero que ninguno cumple.


Es de agradecer que de cuando en vez se oiga alguna voz mas documentada que analice con rigor la cuestión de la autodeterminación de los pueblos. Ciertamente se puede considerar compleja y poliédrica como gusta decir ahora ya que abarca aspectos culturales, históricos, políticos, jurídicos, antropológicos y sociológicos y hasta puede haber razones filosóficas. No los voy a negar. Pero muchas de estas opiniones suenan más a excusa. Sí, pero no. Porque las razones son buenas o malas en función de los intereses de cada cual. Por lo general la respuesta a un movimiento independentista es la represión, crear división, agrandar los problemas, dar largas, o la negación.


De la misma manera que se han conformado estados entre territorios y pueblos con identidades distintas -por cierto la mayoría por la fuerza de las armas-, se puede convenir en lo contrario. Lo que ocurre es que esto no interesa a quien está en el poder. Ya se establecieron las fronteras que en su día tuvieron a bien y la correlación de fuerzas lo permitió, y hay que mantenerlas en la medida de lo posible. Los cambios no interesan a quien va a perder con ellos, porque no es creíble que lo hagan en un acto de bondad hacia quien quiere separarse. Quien aspira a la independencia considera que va a estar mejor, quien no la admite para los demás es porque considera que él va a perder.


No puedo negar tampoco que no todos los individuos de un colectivo que aspira a su libertad estén de acuerdo. Habrá a quien no le interese y tendrá sus razones. Otro argumento negativo es el de los borrosos contornos que puede tener el concepto de pueblo y su perímetro territorial después de pasado un tiempo tras la integración de diferentes poblaciones. Por eso la mejor y más sencilla forma de saberlo es preguntarlo previo debate abierto y profundo. Pero claro, eso sólo se puede hacer si hay voluntad y si se está  dispuesto a admitir lo que ya se intuye, respetando la voluntad y el derecho del otro.


Muy probablemente el hecho de vivir cada día en un mundo más globalizado, haga imposible que el derecho a la independencia se pueda ejercer en plenitud, lo cual no obsta para que se pueda intentar y que cada cual establezca voluntariamente las alianzas que libremente acuerde.


Ejercer la soberanía es lo más -o tal vez lo único- democrático. Democracia y soberanía es un binomio inseparable. Cuando se antepone y se impone tu ley a todo lo demás, ha fracasado la política. Y si fracasa la política queda la bronca. 


Es mucho más deseable una relación libre y amable a una convivencia de desencuentros y odio.