8/4/19

MEMORIA, RECUERDO Y OLVIDO


Olvidar es un ejercicio de higiene mental. El olvido alivia. Es bueno dejar espacio, limpiar. Cuando se llega a cierta edad, se va olvidando. Supongo que es la propia naturaleza la que se encarga de ello porque necesitará ese sitio para otros menesteres o, simplemente, se trata de que el cerebro es un órgano que se va deteriorando, ya no se puede reparar y va perdiendo eficacia en sus funciones.

 

Parece que la memoria es como las cebollas. Los recuerdos van en capas que se van desprendiendo pero, al contrario que las cebollas se desprenden de sus capas más antiguas, curiosamente son las vivencias primeras las que se mantienen como el núcleo consistente y se pierden las capas exteriores recién adquiridas, las que no han conseguido arraigar. Supongo que también se borran las situaciones de la vida duras y difíciles, no tanto el recuerdo como el sufrimiento padecido. Puede ser un mecanismo de defensa para la subsistencia. Recordar las vivencias buenas y olvidar las malas, es un magnífico recurso para una buena higiene mental que nos protege contra la locura o el odio.

 

Pero hay cosas que jamás se deben olvidar, especialmente las afrentas colectivas. Una colectividad no puede olvidar el ultraje, porque olvidarlo será exponerse a sufrirlo nuevamente. La sociedad que olvida está condenada a repetir los mismos errores. Una sociedad democrática no puede ser una sociedad amnésica.

 

Han pasado ochenta y tres años de dolor, miedo y desprecio. Todavía estamos recogiendo con cuentagotas de las cunetas o de los montes los restos de quienes fueron vilmente asesinados por unos golpistas contra el gobierno legítimamente establecido. Esta acción de justicia humanitaria se realiza sin el apoyo de los varios gobiernos que han ido pasando que se proclaman demócratas, y con los impedimentos añadidos que dificultan llevarlo a cabo. ¿Cómo es admisible democrática, ética o moralmente que un Presidente de Gobierno se jacte públicamente de que en su mandato no ha destinado un solo euro para paliar esta injusticia?

 

No solo no han pedido perdón, sino que, en su arrogancia, dicen que los demás tienen que perdonar y hay que olvidar (lo suyo). Se trata de la dignidad de las personas individual y colectivamente. Decía el hijo de un fusilado: «El cura del pueblo le dijo a mi madre que mi padre estaba bien muerto por las ideas que tenía». Terminaba diciendo: siguen sin mirarnos a los ojos.

Yo aprendí que el tiempo no borra los pecados a nadie. Dice su cristianismo del que tanto alardean que para ello deben concurrir cinco premisas: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados y cumplir la penitencia. Se traduce en: Verdad, Justicia y Reparación. Y eso no tiene fecha de caducidad.

 

Tres fotos ilustran este comentario. Las de arriba muestran el diferente tratamiento ante un mismo hecho: La de la izquierda es el desenterramiento de un asesinado anónimo rescatado del olvido con aportaciones voluntarias. La de la derecha es de los asesinos con nombre, apellidos y honores. Monumento erigido en memoria de los «caídos por Dios y por España». Como dice su frontispicio: «Navarra a sus muertos en la cruzada». Este se ha sufragado con la fuerza de la imposición con el dinero de Hacienda, que es de todos. La de abajo es el enterramiento digno de cuarenta y seis víctimas inocentes  asesinadas sin juicio en un lugar que no había frente de guerra. No han podido ser identificarlas, pero hace unos días se pudo honrar su memoria. Muestran una evidente diferencia. El armatoste está ahí restregándonos constantemente quién ganó la guerra mientras nos dicen que nos olvidemos de las cunetas, que dejemos las cosas como están en orden a la concordia. Maldita paz de las cunetas, maldita seudo-democracia, maldita hipocresía.

 

Las fotos se pueden ver pinchando aquí o en la pestaña superior IMÁGENES.