15/12/17

UNA POSTAL DE NAVIDAD

Entre las variadas formas en que se catalogan a las personas, está la de quienes les gusta la navidad y la de quienes la odian. Supongo que hay un amplísimo colectivo intermedio a quienes les resulta indiferente, más que todo por desconocimiento, pero no cuentan para las estadísticas. Pertenecen a esa mayoría silenciosa e ignorada. Ahora que están cerca, digo las navidades, creo que es oportuno publicar la foto que se puede ver pinchando aquí o en la pestaña superior IMÁGENES. Está tomada desde mi ventana. El individuo lleva ahí instalado más de dos meses. Representa la paradoja entre los dispendios festivos —léase comilonas y regalos— de los habitantes de los alrededores en sus confortables hogares, y la frugalidad del de la foto.

Cuentan que estas son fiestas solemnes porque se celebra cómo una familia humilde pasó unos días en un portal de Belén. En el caso que nos ocupa es un individuo solo, sin familia, sin animales que le den calor y compañía, que sustituye el colchón de paja por el de cartones, pero el marco es similar: una especie de entrada o portal. Así que, en la comparación, está claro quién sale perdiendo. Y la cosa tiene pinta de que va para largo.
Aun sin conocer a la persona ni sus circunstancias, es fácil adivinar que no está por gusto. Son situaciones que vemos todos los días como un mal enquistado. La injusticia  que se comete en este y millones de casos más nos debería mover a la reflexión y a la acción paliativa como sociedad. Me recuerda a una foto tomada en USA que publique el 7/11/16 con el mismo motivo. Distinto clima, distinta sociedad, distinto continente, pero el mismo drama de marginalidad, la misma causa y el mismo futuro.

No me resisto a dar un toque de humor. Voy a pensar que tendría la autorización del protagonista si se la pidiera. Hablaba antes de una paradoja y en esta imagen hay otra. Vista tal cual, el lugar ocupado es un local en desuso y parece que su morador está limpiándolo ante la mirada de un transeúnte. Nada más lejos de la realidad. El morador es el de la gabardina blanca. Que una cosa es ser pobre y otra no tener estilo y que le puedan hacer la limpieza.

Volviendo a lo que decía al principio, yo pertenezco al grupo de los que no nos gusta la navidad. Me parece una farsa colectiva. Ni siquiera le veo sentido como concepto religioso. Por todo lo dicho, mi tarjeta de navidad de este año es la de la imagen.