29/12/16

¿CUÁNDO EMPIEZAN LAS TRADICIONES?

En mi pueblo cuando algo se repite dos años seguidos, se convierte en tradición. Para el tercero ya es costumbre inveterada.

Estas fechas navideñas son propicias a las tradiciones. El alumbrado navideño, los banquetes, los villancicos o los conciertos son una muestra. Parece que son de toda la vida, pero todas tienen un principio. Alguien se las inventó o las hizo por primera vez o las copió de alguna otra parte. Algunas -me apetece decir esta frase- hunden sus raíces en la noche de las tiempos.

El pino es tradición pagana del norte de Europa que festejaba el solsticio de invierno. Los regalos de estas fechas derivan de los que se hacían los romanos en las celebraciones saturnales. Tanto lo uno como lo otro los cristianos lo incorporaron a su parafernalia festivo-religiosa. La costumbre de instalar belenes o nacimientos es del siglo XIV exportada a buena parte del mundo desde Italia. Hay otras más locales como el Olentzero de los vascos, las escobas que esconden los noruegos o la ropa interior de color rosa de los argentinos por citar alguna. Mitología y tradiciones que los cristianos han tenido mucho esmero en sincretizar en su beneficio.

Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás o como diablos se llame a ese obeso simpaticote, porque los tres son lo mismo, forma parte de esta mezcolanza, aunque se ha impuesto un carácter más crematístico gracias a Coca Cola.

Volviendo a mi pueblo, se ha convertido en tradición, no exenta de polémica que el Rey Negro de la cabalgata sea siempre el mismo. El que organiza el cotarro, vamos. El rey del mambo. Y, haciendo un inciso,  ni los reyes eran tales ni eran tres. Parece ser que una representación pictórica lo estableció como verdad para siempre. Retomando al Negro del Mambo. El tipo es blanco, así que se embadurna la cara de negro-negro y los labios de rojo-rojo, lo cual no deja indiferente a nadie. A unos da miedo, a otros da risa o a otros indigna. Mira que hay en la cuidad modelo dónde elegir.

Sobre la representación del, digamos, fundador del cristianismo, es donde quiero hacer una reflexión. Aunque lo de fundador da para muchos libros. Se dice de él que siempre fue judío de religión porque de raza está claro que lo era. Incluso hay quien sostiene que ni siquiera existió y que la nueva religión fue idea del emperador Constantino en el S/IV. 

La figura principal del belén es el niño Jesús desnudo o con poca ropa. Todo un exhibicionismo convertido en tradición cristiana que siempre me ha llamado la atención. Tanto al nacer como al morir nos lo presentan casi completamente desnudo, sin ninguna consideración a la dignidad de su persona y a cuanto representa. Es curioso ¿tendrá esto alguna simbología, alguna razón de ser? Pues seguro que sí y todo apunta a la idea de mover al enternecimiento y a la compasión. Nace muy humilde, sin ropa en pleno invierno, es de suponer que sus padres se habrían ocupado de abrigarlo convenientemente. Algún pintor lo representó así en un lienzo y se quedó para siempre desnudo. Con la sensibilidad actual acerca de la protección a la infancia, roza la pederastia. Igual que los niños-ángeles que siempre revolotean por los cuadros completamente desnudos. Aunque, como dicen que no tienen sexo, igual esto no cuenta.

En cuanto a la representación de alguien crucificado, es simplemente macabro.¿Quién tiene en la pared, encima del sofá o de la cama una foto de su padre con la lengua fuera ahorcado por la justicia, o la de su hijo en el suelo en medio de un charco de sangre, a quien una pandilla de pegó un tiro? Pues eso.

En definitiva, la Navidad trae sentimientos encontrados. Puede gustar, poco, mucho, nada o resultar indiferente. Incluso hay quien la desconoce. No estoy seguro de si la celebración incrementa la creencia en las religiones que la festejan, lo que sí tengo por cierto es que lo que incrementa son los negocios.