12/12/14

VISITA GUIADA

Me comentaba el otro día una persona con la que he estado de viaje, que prefería ir de vacaciones a países menos desarrollados, como en el que supuestamente estábamos. Digo supuestamente solo por lo del desarrollo, porque efectivamente estábamos allí. En la comparación, al parecer, se sentía más satisfecha con su estatus. A mí, por el contrario, me motiva más encontrar la diferencia, la novedad, lo exótico, el progreso, lo distante.

No sé si era que se sentía más afortunada o superior a los que veía o simplemente era que agradecía su situación privilegiada en la comparación. Decía que viendo lo que veía, valoraba lo que tenía. Caminaba con un aire entre complaciente e indulgente, manos a la espalda, leve sonrisa en los labios, caminar lento con ligero bamboleo y alternando la mirada a diestro y siniestro.

Este criterio acerca del desarrollo se suele medir exclusivamente por índices económicos, pero los países tienen mucho más: historia, tradición, cultura, paisaje, clima, relaciones personales, integración, arraigo, felicidad y muchos valores más. Carecen, por lo general, de estrés, inseguridad personal y colectiva, hipotecas y deudas. Aspectos que se apoderan de los avanzados.

A mi no me vale el consuelo de ver a otros peor. Recuerdo aquel poema de Calderón de la Barca: Cuentan de un sabio que un día/tan pobre y mísero estaba,/que sólo se sustentaba/de unas hierbas que cogía... No sé, igual tiene razón, pero lo de la mierda para todos es jodido consuelo. También dice el refrán que mal de muchos, consuelo de tontos. Así que prefiero mirar -ojo, sin envidia- a los que están mejor para superarme.

Además la suerte de los países es muy cambiante. Los que antes exportaban mano de obra, ahora exportan mercancías e importan turismo y los que antes importaban turismo de calidad, ahora es turismo degradado y exportan mano de obra sin cualificar. No hay mas que mirar a China, país que hace pocos años figuraba en el pelotón de tercermundistas y ahora se está haciendo con los mercados de todo el mundo, exporta mercancías, genera un ingente turismo, compra deuda de los países, lo que se puede traducir en que compra países y tiene un índice de crecimiento envidiable.

Yo creo que un buen indicador del desarrollo de un país puede ser el respeto que sus dirigentes tienen para con sus ciudadanos respecto a los Derechos Humanos. Precisamente esta semana se celebra el aniversario de esta Declaración Universal y, precisamente también en este país -Marruecos- se celebra ahora el Foro Mundial de los Derechos Humanos. Las Organizaciones Humanitarias consideran un escándalo que se celebre en este país fundamentalmente por la represión, ocultación, banalización y enquistamiento que se está haciendo del conflicto saharaui. Conflicto que fue motivo de fricción entre el guía y un acompañante conmigo, es decir, ambos contra mi. Y eso que yo sólo preguntaba.

Volviendo a las personas de estos lugares, la relación con ellos es muy diferente dependiendo de dónde nos encontremos. Cuando emigran normalmente tienen un recibimiento hostil y se les considera como de baja calidad personal, si no conflictivos, inadaptados y despreciables. Es el estereotipo. Pero si vas a su país son hospitalarios y amables. Saben idiomas, interactuas con ellos y te parecen estupendos. De acuerdo en que en todas partes hay de todo, pero pueden perfectamente ser los mismos en un lugar o en otro. No sé si quienes les dedican apelativos despectivos van a esos países. Lo que es seguro que, si van, no les llamarían así y casi con seguridad que cambiarían de opinión.

En este viaje, una vez más, me he considerado bien tratado. Tal vez sea que presentan la cara más amable. Muestra de ello es el marinero de una población costera quien, entre explicaciones que yo entendía a medias, me hizo una visita guiada por el pequeño astillero donde trabajaba. En un momento dado cogió mi cámara, desapareció y volvió con la foto -y la cámara- que cuelgo en la sección a la que se accede pinchando en la pestaña superior Imágenes.