11/1/12

NAVIDAD, DULCE NAVIDAD

Las navidades no dejan indiferente a nadie. Entrañables para algunos, odiosas para otros y negocio para muchos. Y ahora que se han acabado, vengo yo y las comento. Comentario en el que prefiero ser frívolo  a irrespetuoso.

Inicialmente era una fiesta pagana que celebraba que el día empieza a alargar: renacimiento del sol. Cuestión muy importante pues aun no existía Iberdrola.

A partir del Concilio de Nicea S/IV con Constantino a la cabeza, que estableció las principales bases de la doctrina oficial cristiana, se fue pergeñando a lo largo de los siglos toda la tradición a base de copiar tradiciones y cultos de egipcios, persas, griegos, romanos y celtas principalmente, al objeto de captar adeptos fáciles dándoles un sentido moderno a aquellas costumbres.

De fiestas paganas vuelven ahora a fiestas consumistas que acaban cuando comienzan las rebajas, o al revés, que viene a ser lo mismo.

La tradición de los pinos lleva por aquí cincuenta años. Para los del norte de Europa simbolizaba el árbol que sostenía el mundo. Luego se le adornó con manzanas que simbolizaban el pecado original, y ya hemos pervertido su significado. Hoy quitaban de mi calle los 37 pinos que habían puesto en 150 metros y que los alumnos de algún colegio -de la concertada, por supuesto- habían adornado con objetos ligeros de reciclaje. ¡Hala!, todo a la basura.

Desde que Coca Cola reinventó a Papá Noel o Santa Claus o San Nicolás, pasó de ser un tipo entrañable y bonachón a ser un tío con obesidad mórbida o gordo de narices y que emite unos sonidos guturales ininteligibles. Mantiene secuestrados en su taller de Finlandia a montones de elfos en condiciones de semiesclavitud fabricando juguetes. Dicen que su esposa se llama Merry Christmas (esto es un chiste).

Los Reyes Magos en realidad no se sabe cuantos eran. Un pintor hizo un cuadro con tres, pues tres. Tampoco debían ser reyes, y magos a la vista está que no. Ni siquiera se sabe si realmente existieron. Van absolutamente recargados de abalorios. Horteras en el vestir y pintarrajeados hasta el ridículo. Atiborrados de bisutería como actores del más cutre vodevil. Me declaro republicano. Tienen la mala costumbre de traer los regalos cuando se acaban las vacaciones. Algunos hogares lo han solucionado diciendo que los regalos los trae el Niño Jesús. Es más entrañable que el gordo de rojo anterior y más políticamente correcto que el siguiente.

El Olentzero entronca con las tradiciones vascas más ancestrales. No le falta detalle. Sucio y desarrapado pues vivía en el monte cerca de Lesaka haciendo carbón. Borrachín, barrigudo, cabezón y poco inteligente. Lo tenía todo. La tradición cristiana le cambió su significado haciéndole portador de la buena nueva. Posteriormente se le ha encargado la tarea de los regalos. En estas condiciones personales tan deplorables, no comprendo como últimamente le ha salido una pareja tan fina. Una tal Mari Domingi, también cargada de leyenda, ha cautivado su corazón. Esto es adaptarse a los tiempos. Ahora casi parece de capital si no fuera porque sigue calzando abarcas.

Los Belenes o Nacimientos son del S/XIV. Tratan de representar una escena costumbrista de hace 2000 años mas o menos. Pues nada que ver. Dudo mucho que por Palestina sepan lo que es el musgo y dudo que unos padres dejaran semidesnudo a su niño recién nacido expuesto a los rigores del invierno. Tal vez lo más parecido sea la figura del caganer o caganet.

De la pandereta, la zambomba, la botella de anís del mono y los villancicos en la sobremesa ya no queda nada. Del turrón, del que antes te atiborrabas sin conocer la existencia del colesterol y los michelines, ahora lo dosificas.

Pero año tras año se perpetúa la gran farsa. Doblemente farsa por su contenido y por los deseos que repartimos. Paz y Felicidad.